miércoles, 8 de marzo de 2017

Dejar(se) atrás

La vida es un constante aprendizaje, un crecimiento continuo, una seguidilla de vivencias, experiencias y momentos que nos enseñan a ser mejores personas, a acercarnos cada vez más a eso que queremos ser. Este último tiempo, y sobre todo desde que comenzó el año, vengo experimentando una etapa en mi vida completamente diferente a cualquier otra que haya transcurrido antes. Vengo transitando un tiempo en el que cada día me siento más cerca de Dios y más lejos de todo aquello que alguna vez me hizo mal, me lastimó, me hizo sufrir... Quizás suene extraño, sobre todo para aquel que lea esto y no crea en Dios, pero francamente siento una inmensa felicidad por poder transitar este momento en mi vida. Realmente lo necesitaba, y es que había -y aún hay- tantas cosas que necesitaba transformar en mi corazón; y que únicamente Dios puede quitar para siempre de mí. Es hermoso despertar cada mañana y sentir que no soy el mismo que hace unos días, y que de a poco todo eso que siempre formó parte de mi y que me hizo mal, va desapareciendo; es una enorme bendición ver y sentir la importancia de este proceso por el que Él me lleva a pasar, para ser la persona que necesito ser, y afrontar la vida como merece ser afrontada.

Hace unos días el Señor (para quienes no entiendan, me refiero a Dios), me llevó a darme cuenta de que en medio de las innumerables cosas que vivían en mi habitación, había muchísimas de ellas que pertenecían a mi pasado, y sobre todo, cosas que alguna vez me regalaron personas que ya no forman parte de mi vida hace mucho tiempo; y me llevó a preguntarme: ¿cuál es el objetivo de tener todo esto acá? cartas, dibujos, recuerdos de viajes, e incluso unos cuadernos en los que tantas cosas pegaba y escribía hace unos cinco o seis años atrás, a modo de diario de momentos vividos. Todas estas cosas realmente ya no tenían razón de ser en mi casa -y en mi vida-, por lo que Dios me hizo entender que era necesario tirarlas, para avanzar, para crecer, para seguir mi camino y despegarme definitivamente de todo eso que alguna vez fue, pero ya no más.  
A decir verdad yo siempre fui muy -muy- apegado a los recuerdos, tanto tangibles como emocionales, y al principio me costó tirar algunas cosas. Pensaba: "no! pero esto es lindo... esto es tierno, no quiero tirarlo"; y al instante Dios me decía al corazón, siempre con su infinita paciencia: "Si, es lindo, pero ¿de qué te sirve eso en tu presente? ¿hablás con esa persona? ¿tienen una relación de amistad firme?, ¿no? ¿entonces para qué lo guardás?". Y en ese momento entendí que realmente era necesario deshacerme de todo eso, que realmente no significaba nada en mi presente y que no tenía ningún sentido mantener esas cosas en mi futuro. Y cuando empecé a meter todo eso en una -bueno, en varias- cajas, y lo tiré a la basura, me sentí tan feliz, tan lleno de paz, que realmente lo único que pude decir fue gracias. Agradecerle a Dios porque realmente si era por mi naturaleza humana y mi forma de ser, esas cosas podían estar ahí durante otros diez años y nunca iba a tener la iniciativa de sacarlas de mi vida. Pero Él siempre nos lleva mucho más allá de lo que imaginamos, y nos muestra cosas que a simple vista nunca podríamos percibir. Cosas que quizás cuesta hacer, pero que aún así, al hacerlas nos sentimos más felices y libres que si hubiéramos optado por seguir viviendo en el pasado.

Hoy me siento libre, soy consciente de que dejé atrás muchísimas cosas de mi vida, dentro de una caja en un contenedor de basura, y que de ahora en adelante todo ese pasado ya no existe. Y me siento agradecido a Dios por saber que el dejar atrás el pasado significa solo una cosa: que estamos cada vez más cerca del hermoso futuro que Él tiene para nosotros.

Peter -

domingo, 26 de febrero de 2017

Brand new life (in Jesus Christ)



Comenzó un nuevo año, el verano casi llega a su fin, y una vez más caigo en lo mucho que hace que no dispongo de una tarde para sentarme a disfrutar de expresar con palabras algo de todo lo que siento dentro... A veces uno se encuentra con situaciones en la vida que lo transforman por completo, a veces uno llega a entender que quizás lo que siempre había ocupado el primer lugar en la lista de cosas importantes, termina no siendo tan importante como parecía. En este último tiempo, gracias a Dios entendí que a veces es necesario que sucedan cosas en nuestra vida, para que otras, que están ocultas en nuestro interior, puedan salir, y nosotros podamos conocerlas y pedirle a El que las transforme. Ese tipo de cosas que sabemos que nosotros solos no podemos transformar, pero que definitivamente Dios sí puede hacerlo. 
Aprendí que a veces para poder ver con claridad es necesario pasar tiempo desconectado de todo, y para poder conocerse a uno mismo, es fundamental saber apagar por un momento los oídos y la mente y enfocarse en pasar tiempo con Dios, algo que nunca antes había experimentado con tanta intensidad, pero que realmente me llena de mucha paz. 
Y pasar ese tiempo con El me llevó -y me lleva cada día- a entender que la vida es mucho más profunda de lo que parece a simple vista, y que detrás de cada situación hay miles de cosas escondidas, que todo lo que vivimos tiene un por qué, un propósito; y que siempre los caminos de Dios son los mejores para la vida de quienes vivimos para El. Me llevó a tener paz en mi corazón, por ver que para disfrutar de lo que quiero disfrutar, primero hay muchas cosas que deben ser transformadas en mi forma de ser, pero que nunca podré transformarlas si no busco que El las transforme.
Quizás me siento un tanto extraño al abrirme hablando de cosas como estas en un espacio como este, porque es la primera vez que lo hago; pero realmente siento ser una persona distinta, nueva; y cada día siento acercarme más a lo que se que necesito ser, pero más importante aún, a lo que se que Dios espera de mi.
A veces me cuesta perdonarme por mis errores, siempre me costó, pero cuando veo la misericordia de Dios cada día sobre mi, perdonándome por todo lo que hago mal y dándome nuevas oportunidades, me doy cuenta de que nada está perdido, sino que realmente todo lo que viva hoy es necesario para vivir una vida realmente plena. Nadie dijo que sea fácil, pero de algo estoy seguro: imposible definitivamente no es.


Peter -

lunes, 28 de noviembre de 2016

So many things, so little time


Termina un año que fue sin dudas uno de los más intensos y completos que viví hasta ahora. Cada uno -cada año- siempre es recordado por las cosas que aprendemos, los desafíos que afrontamos, las personas que se cruzan en nuestro camino; y este tiene todos y cada uno de esos detalles que lo hacen inolvidable. El primer año de mi carrera, donde descubrí tantas cosas que no sabía, donde logré aprender a superar el miedo a no poder, a no saber qué vendrá después... 

Un año en el que me reencontré con personas que me hacen feliz, y que me permitió conocer a otras que ocupan hoy un lugar muy importante en mi vida, y estoy más que agradecido a Dios por eso.
Es extraño todo esto, como las etapas pasan, siguen su curso, sin que nada las detenga, más que nuestro recuerdo, y la añoranza de volver a vivirlas. Es extraña esa relación vivencias-tiempo, que no se condice en absoluto. Trescientos sesenta y seis días es muy poco para todo lo que viví este año, y no puedo creer que ya se termine.
Amo decir que lo disfruté, que miro para atrás con una enorme sonrisa sabiendo que todo -todo- valió la pena. Amo haber cruzado mi camino con el de personas por las que hoy siento un gran cariño, personas que realmente me hacen bien. Sonrío por saber que Dios estuvo conmigo en cada momento, cuando estuve a punto de bajar los brazos, dándome fuerza para seguir. Disfruto de saber que mi familia siempre alienta mis proyectos, siempre me apoya y empuja a seguir creciendo en lo que amo.
Es extraño sin dudas, estar en este instante, escribiendo para intentar expresar lo mejor que puedo, todos los enormes y diferentes sentimientos que me invaden. Voy a extrañar recorrer los pasillos de mi amada FADU, mi segundo hogar. Pero miro hacia adelante, hacia todo lo que aún queda por vivir, y me siento feliz por saber que sin dudas es mucho.

Peter -

domingo, 30 de octubre de 2016

Someday we'll know

 Quizás sea cierto, quizás en verdad haya alguien predestinado para cada uno de nosotros, es una pregunta que da vueltas en mi cabeza más que muchas otras cosas. Se -quiero creer- que Dios tiene a esa persona preparada desde que ambos llegamos a este mundo y que en algún momento nuestros caminos van a cruzarse. A veces sin embargo, me pregunto si realmente será así, si existirá esa mujer que un día va a estar de pie frente a mi, vestida de blanco, a punto de comenzar un nuevo camino juntos -a caso el más hermoso de todos-. 

Pienso en cómo será ese momento, en su color de pelo, sus intereses, su mirada. Pienso en su forma de vestir, en cuáles serán sus lugares preferidos, esos a los que va cuando necesita sentirse en casa...

Pienso mucho en ella, en sus intereses, sus anhelos, en qué cosas la harán feliz, cuáles le darán miedo. Imagino su sentido del humor, su instinto aventurero, que acompañe al mío en infinidad de viajes. 
Casi puedo visualizar esos ojos color miel, mirándome fijo con expectativa, esa leve y tierna sonrisa en los labios, como quien sabe siempre lo que esconde la otra persona detrás de tantos pensamientos.

Qué increíble es, ¿cierto? Quiero decir, pensar tanto en alguien, como si la conociera de toda la vida, como si supiera quién es, aunque, claro, no lo se...
Nos imagino sentados en la hierba una tarde de verano, disfrutando de un abrazo infinito acompañado de un delicioso jugo de frutas; o caminando por la ciudad sin rumbo alguno, pero siempre de la mano, para llegar a donde sea, pero juntos.

Por momentos pienso, si realmente algún día me cruzaré en el camino con esa persona que marque mi vida de manera tal, que no me quepa la menor duda de querer pasar el resto de mi vida a su lado, esa persona que despierte en mí sentimientos que hace mucho no ven la superficie, pero que, confío, encontrarán algún día el perfecto puerto donde vivir para siempre.

Peter -

lunes, 26 de septiembre de 2016

And everything that's yet to come



A veces pienso, no puedo evitarlo. Pienso en qué me deparará el futuro, pero no por sentir temor o no saber hacia dónde dirigir mis pasos, sino más bien porque me genera tanta intriga imaginarme a mi mismo, de aquí a diez años, a cinco, a dos... 
Hablando con algunas personas, les cuento lo mucho que anhelo que llegue el día en que me case con la mujer que ame -aún cuando todavía no nos hemos encontrado-. Quienes me conocen saben que uno de mis sueños mas grandes es tener una fiesta de casamiento totalmente sencilla, en una playa desierta, con mi familia, mis amigos más cercanos y mi perra; que para nada quisiera una fiesta en un lujoso salón ni vestirme con un traje costoso, sino que me sentiría más que a gusto, vistiendo un pantalón blanco arremangado, una camisa y unas alpargatas del mismo color, y que nuestro salón sea un gazebo en medio de una estancia, decorado con enredaderas y luces amarillas, con una larga mesa en donde todos nos sentemos a disfrutar de platos deliciosos, mientras una banda de folk que nadie conozca nos regale sus melodías de fondo.

Pienso en mi futuro, y eso me lleva también a pensar e imaginar el futuro de mis amigos, de mi familia, de esas personas que todos los días ocupan un lugar importante en mi vida. Me imagino cómo será cuando Ivana se case, y lo felices que vamos a sentirnos Tania y yo por estar ahí en su noche inolvidable. O cuando ella -Tania- también tenga su noche, e Ivana y yo la acompañemos en la primera fila, intercambiando miradas de una felicidad indescriptible. Me imagino a mis hermanos, Deby con su marido -que estoy seguro de que va a ser el mejor del mundo-, Marcos con su esposa, que, también estoy convencido, va a ser la mujer ideal para el. Pienso en Eva, en su novio, en los años que hace que están juntos y en lo lindo que sería verlos ahí parados, diciendo si, quiero, una vez y para siempre. Imagino a mi madre, rodeada de nietos corriendo por todos lados, abrazándola con ese amor tan especial que sienten los nietos por sus abuelos -y viceversa-.

Quizás suene extraño, quizás alguien pueda pensar que no tiene sentido anticiparse tanto, que es mejor vivir hoy y ahora. Pero yo creo que es hermoso soñar con esas cosas, porque después de todo, lo que hoy y ahora estamos viviendo, y todo lo que hemos logrado, en algún momento fue un sueño lejano; y creo que así como llegó un día en que lo que solía parecer lejano se hizo realidad, también va a llegar ese momento en el que todos esas cosas que hoy son apenas sueños, van a ser nuestra realidad.
A mi modo de ver, no hay nada más hermoso que visualizar el futuro, y cuando finalmente llega, darnos cuenta con una sonrisa, que es tal cual lo habíamos soñado.

Peter-

lunes, 19 de septiembre de 2016

That place I call ´home´ (never is too late)

Este blog viene siendo una especie de diario de vida desde hace ya cinco largos años. Cuando lo creé, nunca pensé que fuera a convertirse en algo tan importante para mi, pero afortunadamente, así fue. 
Es por eso -por lo importante que es este espacio en mi vida- que a veces me preocupo, me disgusto o me frustro un poco cuando paso largo tiempo sin poder sentarme a plasmar tantas cosas que pienso, que siento, que se me ocurren... porque justamente este es el lugar en el que quiero que esas cosas vivan para siempre.

Muchas veces pasan los días y me digo a mi mismo: "voy a llegar a casa y a escribir en el blog", pero el trabajo y la universidad me quitan la mayor parte de la energía, por lo que termino dejándolo siempre para después, 
no sin sentir una vez más esa horrible frustración.

Quizás sea difícil de entender, pero este espacio es, para mi, mucho más que un pequeño lugar en medio de Internet, es el registro de montones de sensaciones, es la materialización de mi mundo interior, es algo realmente importante. Por eso es que hoy quise hacer un pequeño espacio en mis obligaciones diarias, para decir(le) que nunca me fui de este lugar, aún cuando hubo uno o dos años en los que casi no escribí, sigo viviendo aquí, y siempre que pueda voy a darle alguna pequeña chispa de vida, dejando guardadas dentro de sus rincones todas las cosas que forman parte de mi mundo.
A pesar del tiempo y la distancia, este sigue siendo mi hogar, y espero que lo sea para siempre.


Peter- 

viernes, 8 de julio de 2016

Every day, a story to tell (half of the year)




Hace muy poco, el treinta de junio, fue el día número ciento ochenta y tres del año, lo que significa que el 2016 ya va por más de la mitad y, más interesante aún, que me ha dejado montones de cosas hermosas. Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo, tanto que me cuesta darme cuenta de que, en unos días nomás, cumplo veinticinco años de vida... me parece increíble. 
Si el año anterior fue uno de los mejores de mi vida, este viene ganándole el puesto con el doble de ventaja, aunque no creo que se trate de elegir "el mejor año de nuestras vidas", sino más bien de saber guardar para siempre los momentos lindos, los aprendizajes, las alegrías, los logros, los sueños hechos realidad; y este 2016 viene regalándome mucho de eso. Recuerdo los primeros días de enero, aquellas mini vacaciones de verano en casa de una amiga, salir a caminar por la ciudad y sacar miles de fotos, mirar Friends hasta la madrugada. Recuerdo las ansias que sentía por empezar las clases en la universidad, mi tan ansiada carrera luego de terminar el Ciclo Básico; recuerdo la sorpresa de encontrarme el primer día con personas que cursaban conmigo antes, y a través de ellas, conocer a otras, con quienes hoy guardo una muy linda relación. Lo que va de este año sin dudas va a quedar en mis recuerdos por siempre.

También pasé por momentos difíciles, días en los que sentía una enorme impotencia que me daba más ganas de dejar mi carrera que de seguir intentando, frustración por no saber cómo seguir, pero, como no podía ser de otra manera, Dios siempre estuvo ahí para tenderme una mano y ayudarme una vez más a lograr mi objetivo.
Esta mitad del año viene siendo bastante intensa, pero creo que es hermoso poder vivir la vida con intensidad, disfrutando de absolutamente todo lo que se nos cruce en el camino, desde un simple café con un amigo, hasta el nacimiento de un nuevo proyecto -este año nacieron varios-.

Siento ganas de seguir viviéndolo, de seguir transitando estos días de invierno que pronto se convertirán en primavera, para darle más tarde lugar al verano. 
Parece mentira que ya estemos a estas alturas, pero me alegra que así sea, porque puedo decir alegremente que el 2016 no es ni va a ser un año más, es algo especial, es, simplemente, un conjunto de enormes alegrías.

Peter -

domingo, 22 de mayo de 2016

Her name in every summer

Ella es cada amanecer, la sonrisa de un niño al disfrutar sus golosinas. Es el sol de verano que se cuela por la persiana de una habitación, es cada uno de sus cálidos rayos. Ella es todas las canciones que no dejo de escuchar, porque me encantan; es el aroma del café recién hecho, el canto de un pájaro, el abrazo más largo, es ella.

También es un día de lluvia, esa lluvia que no molesta, sino que acompaña y embellece. Es un viaje soñado, un cuadro en acuarela, el perfume de jazmines que me regala el camino cuando vuelvo a casa. 

Ella es una tarde de otoño, un suéter amarillo, una mirada inolvidable. Todo eso es, ella.

Porque cuando alguien se convierte en parte de uno mismo, está presente en cada pequeña cosa de la vida que uno ama con intensidad.



Peter -

miércoles, 4 de mayo de 2016

lunes, 18 de abril de 2016

We don't have time, but we can make it

El que mucho abarca poco logra dicen. Pero se olvidan de que el que mucho abarca, también mucho debe esforzarse. Comencé una vez más las clases en la universidad, pero esta vez es diferente, el Ciclo Básico quedó atrás y por fin estoy cursando mi carrera, esa por la que esperé tanto tiempo. Bajar del ascensor en el primer piso me recuerda aquellos días en que pensaba que no lo lograría, esos instantes de furia que me daban más ganas de abandonar todo que de seguir intentando. Saber que estoy haciendo lo que realmente vine a buscar me hace pensar en qué hubiera pasado si por cada fracaso hubiera bajado los brazos, y me lleva a ver que a pesar de todo fui perseverante. Quizás si, tomó más tiempo del que debería haber tomado, pero ¿qué significa eso realmente? ¿o a caso hay algún tipo de manual universal que establece cuánto debe durar cada etapa en la vida?

No sirve compararse con otros, eso es algo que siempre me ha costado incorporar a mi vida diaria, pero que últimamente he logrado hacer con bastante eficacia. Y si, desde mucho antes sabía que empezar la carrera iba a traer consigo una renuncia a muchas cosas. Me lo habían dicho y ahora lo vivo cada día, esa es la parte de esforzarse mucho. ¿Quién no querría que el día tuviera más horas?
-aunque estoy seguro de que tampoco así alcanzaría-. Creo que simplemente es cuestión de dedicarle a cada cosa el tiempo que corresponde, o establecer una lista de prioridades. Y quizás si, me frustra un poco pasar semanas sin escribir, leer menos libros y más apuntes, tener la cámara durmiendo dentro de su funda y no encontrar momento para salir al mundo a capturar instantes, pero al mismo tiempo se con seguridad que toda renuncia tiene su recompensa, y que lo que ahora estoy haciendo es lo que realmente ansié llegar a hacer, el tiempo para cada cosa se encuentra cuando deja de buscarse.


Peter - 

domingo, 3 de abril de 2016

Mary Jane

Nunca voy a olvidarme de ese momento. recuerdo la revolución de nervios mezclados con ansias, querer que todo termine rápido, y al mismo tiempo, que dure un millón de años. Recuerdo el primer día de clases, el primer momento en que la vi; y cómo desde un principio pareció mover cada cimiento de mi mundo con esa potencia tan típica de los primeros amores de la adolescencia. Habíamos compartido infinidad de momentos, habíamos crecido juntos, y me costaba creer que estábamos en nuestro último año de secundaria, que en apenas unos meses cambiaríamos de lugar, de grupo de gente, incluso de ciudad. 
Era la noche que todos esperábamos, el baile de graduación. Entré al salón del colegio y la vi. Nunca me había fijado en cómo la luz hacía brillar aún más esos ojos color miel, que sin dudas venían de otra galaxia -y no tengo dudas, contenían mil universos dentro-. Casi como en una de esas películas que tanto nos gustaban, el aire se llenó de una especie de vértigo y magia. A alguien se le ocurrió que la mejor banda de sonido para ese instante infinito era una de las tantas canciones lentas, ideales para soñar despierto, o tomar grandes decisiones. Atravesé el salón sin dejar de mirarla, mientras una voz que conocíamos bien cantaba hey now, don't dream it's over, parecía que nos hablaba a nosotros. Caminé, siempre hacia adelante, como quien va hacia algo que conoce bien, sabiendo que hay riesgos, pero sin temor a equivocarse. Caminé sin quitar la mirada de la suya, sin parpadear un segundo, casi sin respirar... No pude más que abrazarla, y darme cuenta de que había hecho bien cuando sentí su mano rozando mi espalda.
Respiré, casi como quien sale a la superficie luego de nadar kilómetros, la presión y los nervios ahora se habían convertido en ese abrazo que no quería jamás que tuviera un final.
Podía sentir el latir de su pecho mientras las melodías nos invitaban a deslizar los pies algunos centímetros para cada lado, en un intento de no quedarnos nunca quietos.
Si en ese momento había algo que sabía con seguridad, era que no sabía lo que vendría después, pero con ese abrazo, esa canción en el aire, ese perfume de moras inundando mis sentidos, me bastaba para recordar aquel día por siempre.

Peter - 

lunes, 21 de marzo de 2016

Otoño



Amaneceres que tardan en llegar
Un sol ya no tan intenso
Calles cubiertas de hojas amarillas
Suéters de lana de todos los colores
Bufanda, gorro
Viento fresco en la cara

Una taza de chocolate
en una cafetería de los suburbios
Y sonrisas por todos lados.

/ Marzo /

viernes, 18 de marzo de 2016

Port Blue



Caminaba por una calle volviendo a casa, mientras un gélido aire propio de lugares tan lejanos como aquel chocaba contra mis mejillas como una ola gigante y glacial. En mis oídos sonaban melodías de otro universo, que casi como por arte de magia combinaban perfectamente con aquella atmósfera. Levanté la mirada y pude ver un cielo azul profundo que se extendía infinitamente sobre mi, sobre aquella calle, sobre toda la ciudad cubierta de hojas marrones y amarillas. Y mientras me perdía contando las nubes que decoraban aquel cielo y admirando sus formas irregulares, el aire fresco no dejaba de inundarme los sentidos y yo me preguntaba a cuántos kilómetros estarían esas nubes flotando por encima del suelo. Claro que no había respuesta posible, aunque en seguida imaginé lo increíble que sería averiguarlo. Por un instante simplemente me limité a cerrar los ojos, mientras aquellas melodías celestiales no dejaban de llevarme cada vez más lejos, y deseé con todas mis fuerzas poder despegar mis pies del asfalto y salir disparado hacia esa masa de algodón que deambulaba presa de la fría brisa rumbo a ningún lugar. 

Fue increíble, durante un segundo creí que mis pies flotaban, sonreí; pero al instante abrí los ojos y volví a estar ahí, parado sobre mis zapatillas en medio de una vereda de baldosas grises. Entonces volví a sonreír y entendí que a veces, lo que normalmente no es posible, es posible si uno cierra los ojos y se deja llevar.

Peter -

jueves, 10 de marzo de 2016

Six years, thousands of moments


A veces se me llena la cabeza de recuerdos y los sentidos de esa tan conocida felicidad mezclada con añoranza. Nunca entendí del todo por qué será que me cuesta tanto dejar ir. Me pregunto si a caso me sucede solo a mi, si por esas casualidades de la vida, soy yo el único que daría mucho por volver a vivir ciertas cosas que hace rato llegaron a su fin. 
No, estoy seguro de que todos en cierta forma y en algún momento nos sentimos así.

Creo que las cosas que particularmente más me cuesta dejar ir son aquellas a las que no les encontré un final, aquellas que simplemente fueron desapareciendo. 

¿Alguna vez observaste cómo un cubo de hielo va desintegrándose en un vaso de agua? así fueron esfumándose montones de situaciones, vínculos y etapas de mi vida. Y la parte madura de mi lo acepta, lo entiende, lo asimila y está dispuesta a seguir; pero ese niño interior, inocente y pequeño, quiere recuperarlas, volver a vivirlas, o por lo menos comprender qué pasó, cómo es que algo tan fuerte de pronto pasa a ser la nada más absoluta. 

Sin embargo cada día entiendo más y mejor que las personas no tienen la obligación de compartir la vida por siempre, que a veces sucede que eligen transitar un tramo del camino juntos, y así como decidieron unirse, también eligen seguir cada uno su rumbo. Y eso no está mal porque si es así, por algo es. Después de todo, quienes continúan cerca es porque aún siguen eligiendo caminar juntos.

Peter - 

sábado, 27 de febrero de 2016

All the days we've shared, they live inside my heart



Suena On The Wing en medio de la madrugada y mis sentidos se llenan de todos los innumerables instantes que disfrutamos juntos. Recuerdo las enormes ansias que sentía cada vez que leía uno de tus mensajes, recuerdo cómo me hacían sonreír. 
Y si, a veces no puedo evitar pensar en vos, en qué será de tu vida, en todas nuestras idas y venidas, encuentros y desencuentros. En la amistad tan enormemente rica e intensa que la vida nos regaló, y en cómo fuimos tomando caminos distintos. 
A veces suelo extrañarte; a veces pienso, no puedo evitarlo... 
Bueno, lo admito, quizás tampoco quiero hacerlo,

A veces me pregunto cómo pudo ser que un cuento que surgió de mi imaginación 

-pero que vos inspiraste- de pronto se haya convertido en realidad, en nuestra realidad
Y no me malinterpretes, no quiero decir que debamos volver a unir nuestros rumbos, solo digo que a veces pienso en vos, a veces te extraño. Extraño viajar setenta kilómetros solo para pasar un domingo con vos, y esas tardes de otoño caminando por la ciudad, pisando hojas secas. Extraño esos cafés con torta de vainilla, y abrazarte. Esos abrazos que duraban eternidades... 

Es un tanto extraño, ¿no te parece? Estar acá, escribiéndote esto, como si alguna vez fueras a leerlo... Es extraño cómo el tiempo nos alejó, y cómo volvió a unirnos de la manera menos pensada, y volvió a alejarnos una vez más, indefinidamente. 


Porque creo que ninguno de los dos sabe qué va a pasar, aunque quizás muy en el fondo sepamos que tarde o temprano vamos a volver a encontrarnos, quizás sea solo cuestión de tiempo.

Peter -