lunes, 9 de julio de 2018

Diciembre


Y de pronto, casi sin darme cuenta, 
me encontré de nuevo pensando en ti. 
Y aunque por todos los medios lo intentaba, 
no podía evitarlo.

Ze-

martes, 20 de marzo de 2018

Our last day of summer



 Otro verano llegaba a su fin, y a decir verdad, había sido quizás uno de los más importantes de mi vida hasta ese momento. 
Muchas hermosas mañanas de sol, otros tantos inolvidables atardeceres, montones de tazas de café en pequeños e incontables rincones de la ciudad. Cientos de fotografías, unos cuantos lindos momentos en familia. Experiencias nuevas, encuentros, reencuentros, y también finales. Algunas despedidas que dolieron levemente y sin dudas, muchas muchas expectativas. 

Creo que aquel verano marcó un punto fundamental en mi vida. Un quiebre entre quien había sido hasta entonces y quien sería de allí en más. Y me sentí inmensamente feliz de saber que cada día estaba -y estoy- mas cerca de la vida que Dios quiere para mi, llena de felicidad, de personas que me llenen el corazón, de metas cumplidas y sueños hechos realidad; pero no cualquier meta, no cualquier sueño. Las metas y los sueños que El por Su amor ideó para mi, con un propósito muchísimo más grande y hermoso de lo que yo podría haber imaginado.

De a poco la atmósfera iba dejando esa hermosa calidez, una brisa por momentos gélida recorría las calles de la ciudad, mientras mis botas de cuero pisaban un número infinito de hojas color atardecer. Entré en una cafetería como buscando un repentino refugio y algún brebaje caliente que me hiciera sentir en casa por unos minutos. 
Miré las nubes por la ventana, y mientras disfrutaba un café con vainilla y pensaba en todo aquello que estaba por venir, en mi corazón le agradecía a Dios por ese amor tan inmenso que cada día me regalaba y aún me regala, y por saber que mi vida íntegra -con sueños y todo- estaba en Sus manos, y sin dudas ese era el lugar más seguro donde podía estar.


Ze -

jueves, 15 de febrero de 2018

Junio



 Una típica tarde de otoño, cielo celeste, algo de viento fresco corriendo entre los árboles, y yo, parado frente a la ventana en un piso alto, lejos del centro de la ciudad.

Adentro el aire se impregnaba de aroma a vainilla, y sonaba despacio una canción que me recordaba los días que pasamos juntos. Miré tu foto sobre mi escritorio, y no pude evitar extrañarte, necesitar abrazarte muy fuerte, guardarte entre mis brazos por un momento, y que ese momento durara lo que el quisiera. 

Del otro lado del vidrio, casitas bajas de techo anaranjado, y a lo lejos, algunos edificios amarillos iluminados por aquel sol suave de esas épocas. Cerré los ojos y pensé por un momento en las ganas que tenía de verte, de tenerte al lado. Y entonces recordé que me querías, y que también me extrañabas. Lo sabía, y eso era suficiente.


Peter -

lunes, 29 de enero de 2018

Your Love Changes Everything


 Creo que una de las cosas más difíciles de la verdadera vida cristiana es la renuncia. Renuncia a muchas cosas, desde lo más simple, hasta lo más importante que podemos llegar a tener en el corazón. Renunciar a hábitos, a factores de nuestra forma de ser que siempre tuvimos tan arraigados; renunciar a ciertos lugares, a muchas cosas que hasta entonces nos encantaban; renunciar también a personas, cortar vínculos, dejar de lado quizás los sueños más grandes e importantes que elaboramos durante años para nuestro futuro y que parecían perfectos. La renuncia a la que Dios nos llama cuando llegamos a Su camino abarca mucho más de lo que podemos incluso imaginar, y muchas veces mucho más de lo que seríamos humanamente capaces de dejar atrás.

Y muchos lógicamente podrían preguntar ¿por qué Dios te pediría de que dejes atrás tus sueños? ¿por qué te pediría que pongas un final a ese esfuerzo de tanto tiempo? ¿o a esa carrera universitaria que tanto te costó alcanzar? Y la respuesta a todas esas preguntas es: porque El me ama, y Su amor por mi es tan grande que elaboró planes para mi vida 
infinitamente mejores que los míos. 

A la edad de quince años tuve mi primer contacto con el diseño gráfico y la fotografía, y desde entonces tuve en claro qué era lo que quería para mi vida. Me fui del colegio en el que estudiaba, entré en el instituto y, mientras terminaba el secundario en otro lugar, comencé a prepararme para ese futuro que yo había diseñado para mi. Cinco años tomando cursos de diseño, de fotografía, elaborando proyectos, montando mi pequeña empresa de diseño gráfico, buscando por todos los medios que mi sueño se hiciera realidad. Aunque desconocía un pequeño detalle: Mi sueño no coincidía con el sueño de Dios para mi.
Claro que en ese momento, a mis diecinueve, veinte años, no entendía esto; me empecinaba en que ese era definitivamente mi camino, no había posibilidad de que fuera otro. Y esa actitud empecinada duró algunos años, más precisamente hasta hace unas dos semanas; cuando Dios cambió rotundamente el rumbo de mi vida.

Una de las cosas más difíciles de la vida cristiana es la renuncia, y lo difícil generalmente duele. Me dolió muchísimo. Me sentí de pronto flotando en medio de la nada, pensando en qué iba a ser de mi, que no me había capacitado en la vida en nada más que en diseño gráfico y fotografía. Pensaba cómo podía ser que Dios me dijera semejante cosa, como si yo supiera mejor que El qué es lo que conviene a mi vida y qué no... 

Pasaron los días y, con Su ayuda y Su infinito amor de padre, comencé a entender que El quiere llevarme mucho más allá de lo que yo puedo imaginar. Que los planes que yo pudiera elaborar, por más agradables y perfectos que parecieran, no llegaron nunca a ningún lado, ni iban a hacerlo jamás, simplemente porque El tiene otros inmensamente mejores, fuera del mundo del diseño y la fotografía. Y entendí también que el anhelo que venía sintiendo de comenzar a estudiar inglés a nivel académico, para perfeccionar el don que El me dió de aprenderlo de forma casi automática, no surgió de la nada, sino que El tiene un propósito con ello.

Y si, hay muchas cosas que no se; hay montones que no entiendo, y no tengo la más mínima idea de cuál va a ser mi futuro vocacional. Pero lejos de ser algo terrible es una inmensa bendición, porque la otra parte de la renuncia es la confianza. Confianza en Dios, confianza plena en que no importa lo que dejamos atrás, porque sabemos que nuestra vida está íntegramente en Sus manos, y que a Sus manos nada se les escapa. Uno renuncia a hacer la propia voluntad para dejar que El haga Su voluntad en uno. Uno renuncia a sus planes humanos limitados, basados en la propia capacidad, para dejar que Sus planes perfectos, basados en lo que El quiera darnos, se hagan realidad.

¿Duele? Si, al principio duele horrores, porque salir de lo conocido, de lo establecido, de lo que ya tenemos aparentemente asegurado siempre duele. Dejar atrás algo que amamos duele más, y no saber qué va a pasar puede ser terrible. Pero ese dolor se convierte en paz y gozo cuando sabemos que, siguiendo los planes de Dios, lo que sea que pase va a ser una inmensa bendición, aunque nuestra mente siempre quiera volver atrás.

Peter-


domingo, 31 de diciembre de 2017

From The Head To The Heart



Antes y después de Cristo no es solo la manera de dividir en dos la historia de la humanidad; eso es algo que terminé de entender y pude experimentar este año que termina. Antes y después de Cristo también es un antes y un después en la vida de cada uno de nosotros. Y es que si alguien me preguntara hoy cuál fue el momento más trascendente en mis veintiseis años de vida, mi respuesta sería sin dudas, este año. 

Al pensar en todo lo que viví desde que comenzó hasta hoy, no puedo más que agradecerle a Dios por todas aquellas cosas que transformó en mi corazón. Cosas que me impedían enormemente disfrutar de la vida que El me regaló, y que intenté por mis propios medios superar y dejar atrás infinidad de veces, sin ningún resultado.
Recuerdo todas aquellas terribles inseguridades de mí mismo, aquella permanente nostalgia y añoranza por el pasado, por vivencias y personas que ya no estaban y que incluso en el presente no serían beneficiosas para mi, pero que en algún momento me hicieron feliz, y eso justamente era lo que tanto añoraba: esa felicidad, esos recuerdos, esos tiempos en que todo era distinto. Me negaba a aceptar que ya no fuera así, que las personas hubieran cambiado para mal, que todo eso fuera pasado. 

Y vivía así mis días, añorando volver a aquellos tiempos, a esas amistades de años atrás que poco a poco fueron desapareciendo, y dejando un inmenso dolor en mi corazón. A esas relaciones de pareja que terminaron destrozándome por dentro, pero que alguna vez supieron llenarme de felicidad. Esas eran las partes que anhelaba traer al presente, como si mi vida fuera una película y yo pudiera -como un gran editor- quitar las esenas de dolor y angustia y solo conservar aquellas que me hicieron sonreir.

No podía hacerlo, nadie puede. Porque hoy entiendo que la única manera de dejar atrás el pasado es aferrarse a Cristo, a esa muestra infinita de amor puro e incomparable que hizo al dar Su vida en aquella cruz, y con ella, dejar también allí todo ese pasado oscuro que nosotros -humanos y débiles- ya no podemos cargar en las espaldas. 

A comienzos de año tenía, como cualquiera, mil expectativas y planes. Quiero hacer esto, quiero hacer lo otro, pensaba. Sin embargo Dios me dijo, claro y conciso: -este año es para que me lo consagres a Mí-. ¿Qué significaba esto? Yo lo sabía muy bien. Significaba hacer un cambio radical en mi forma de vida. Enfocar todo mi tiempo posible a estar cerca Suyo, a escuchar lo que tuviera que decirme, a dejarme guiar por Su voluntad, que sin dudas siempre es la mejor. Enfocarme en conocerlo más, en dejar mis planes de lado para saber cuáles eran Sus planes para mi vida. En alejarme de personas que hasta entonces consideré amigos, pero con quienes no podía compartir más que una cerveza y unas cuantas charlas vacías. Enfocarme en dejar atrás hábitos que tenía tan arraigados en mí, pero que tan mal me hacían. Y sobre todo, en dejar en Sus manos todo aquel pasado que tanta angustia me causó por tanto tiempo, en vez de seguir intentando olvidarlo en mis propias fuerzas.

Hoy puedo decir que, gracias a Dios, gracias al amor de Cristo por mi, soy otra persona, muy distinta de aquella que escuchaba canciones melancólicas cuando se sentía triste, muy distinta de aquella que se pasaba la vida dando todo por los demás y buscando con un esfuerzo inútil que todo vínculo durara para siempre. Soy el comienzo de esa persona que siempre necesité ser; y lo más hermoso es que se que en este hermoso camino jamás estoy ni estaré solo porque Cristo camina al lado mío, y todo aquello que mi humanidad débil no me permite vencer, El, de una vez y para siempre, lo venció por mi.


Feliz 2018. Que Dios te bendiga.

Peter-

miércoles, 8 de marzo de 2017

Dejar(se) atrás

La vida es un constante aprendizaje, un crecimiento continuo, una seguidilla de vivencias, experiencias y momentos que nos enseñan a ser mejores personas, a acercarnos cada vez más a eso que queremos ser. Este último tiempo, y sobre todo desde que comenzó el año, vengo experimentando una etapa en mi vida completamente diferente a cualquier otra que haya transcurrido antes. Vengo transitando un tiempo en el que cada día me siento más cerca de Dios y más lejos de todo aquello que alguna vez me hizo mal, me lastimó, me hizo sufrir... Quizás suene extraño, sobre todo para aquel que lea esto y no crea en Dios, pero francamente siento una inmensa felicidad por poder transitar este momento en mi vida. Realmente lo necesitaba, y es que había -y aún hay- tantas cosas que necesitaba transformar en mi corazón; y que únicamente Dios puede quitar para siempre de mí. Es hermoso despertar cada mañana y sentir que no soy el mismo que hace unos días, y que de a poco todo eso que siempre formó parte de mi y que me hizo mal, va desapareciendo; es una enorme bendición ver y sentir la importancia de este proceso por el que Él me lleva a pasar, para ser la persona que necesito ser, y afrontar la vida como merece ser afrontada.

Hace unos días el Señor (para quienes no entiendan, me refiero a Dios), me llevó a darme cuenta de que en medio de las innumerables cosas que vivían en mi habitación, había muchísimas de ellas que pertenecían a mi pasado, y sobre todo, cosas que alguna vez me regalaron personas que ya no forman parte de mi vida hace mucho tiempo; y me llevó a preguntarme: ¿cuál es el objetivo de tener todo esto acá? cartas, dibujos, recuerdos de viajes, e incluso unos cuadernos en los que tantas cosas pegaba y escribía hace unos cinco o seis años atrás, a modo de diario de momentos vividos. Todas estas cosas realmente ya no tenían razón de ser en mi casa -y en mi vida-, por lo que Dios me hizo entender que era necesario tirarlas, para avanzar, para crecer, para seguir mi camino y despegarme definitivamente de todo eso que alguna vez fue, pero ya no más.  
A decir verdad yo siempre fui muy -muy- apegado a los recuerdos, tanto tangibles como emocionales, y al principio me costó tirar algunas cosas. Pensaba: "no! pero esto es lindo... esto es tierno, no quiero tirarlo"; y al instante Dios me decía al corazón, siempre con su infinita paciencia: "Si, es lindo, pero ¿de qué te sirve eso en tu presente? ¿hablás con esa persona? ¿tienen una relación de amistad firme?, ¿no? ¿entonces para qué lo guardás?". Y en ese momento entendí que realmente era necesario deshacerme de todo eso, que realmente no significaba nada en mi presente y que no tenía ningún sentido mantener esas cosas en mi futuro. Y cuando empecé a meter todo eso en una -bueno, en varias- cajas, y lo tiré a la basura, me sentí tan feliz, tan lleno de paz, que realmente lo único que pude decir fue gracias. Agradecerle a Dios porque realmente si era por mi naturaleza humana y mi forma de ser, esas cosas podían estar ahí durante otros diez años y nunca iba a tener la iniciativa de sacarlas de mi vida. Pero Él siempre nos lleva mucho más allá de lo que imaginamos, y nos muestra cosas que a simple vista nunca podríamos percibir. Cosas que quizás cuesta hacer, pero que aún así, al hacerlas nos sentimos más felices y libres que si hubiéramos optado por seguir viviendo en el pasado.

Hoy me siento libre, soy consciente de que dejé atrás muchísimas cosas de mi vida, dentro de una caja en un contenedor de basura, y que de ahora en adelante todo ese pasado ya no existe. Y me siento agradecido a Dios por saber que el dejar atrás el pasado significa solo una cosa: que estamos cada vez más cerca del hermoso futuro que Él tiene para nosotros.

Peter -

domingo, 26 de febrero de 2017

Brand new life (in Jesus Christ)



Comenzó un nuevo año, el verano casi llega a su fin, y una vez más caigo en lo mucho que hace que no dispongo de una tarde para sentarme a disfrutar de expresar con palabras algo de todo lo que siento dentro... A veces uno se encuentra con situaciones en la vida que lo transforman por completo, a veces uno llega a entender que quizás lo que siempre había ocupado el primer lugar en la lista de cosas importantes, termina no siendo tan importante como parecía. En este último tiempo, gracias a Dios entendí que a veces es necesario que sucedan cosas en nuestra vida, para que otras, que están ocultas en nuestro interior, puedan salir, y nosotros podamos conocerlas y pedirle a El que las transforme. Ese tipo de cosas que sabemos que nosotros solos no podemos transformar, pero que definitivamente Dios sí puede hacerlo. 
Aprendí que a veces para poder ver con claridad es necesario pasar tiempo desconectado de todo, y para poder conocerse a uno mismo, es fundamental saber apagar por un momento los oídos y la mente y enfocarse en pasar tiempo con Dios, algo que nunca antes había experimentado con tanta intensidad, pero que realmente me llena de mucha paz. 
Y pasar ese tiempo con El me llevó -y me lleva cada día- a entender que la vida es mucho más profunda de lo que parece a simple vista, y que detrás de cada situación hay miles de cosas escondidas, que todo lo que vivimos tiene un por qué, un propósito; y que siempre los caminos de Dios son los mejores para la vida de quienes vivimos para El. Me llevó a tener paz en mi corazón, por ver que para disfrutar de lo que quiero disfrutar, primero hay muchas cosas que deben ser transformadas en mi forma de ser, pero que nunca podré transformarlas si no busco que El las transforme.
Quizás me siento un tanto extraño al abrirme hablando de cosas como estas en un espacio como este, porque es la primera vez que lo hago; pero realmente siento ser una persona distinta, nueva; y cada día siento acercarme más a lo que se que necesito ser, pero más importante aún, a lo que se que Dios espera de mi.
A veces me cuesta perdonarme por mis errores, siempre me costó, pero cuando veo la misericordia de Dios cada día sobre mi, perdonándome por todo lo que hago mal y dándome nuevas oportunidades, me doy cuenta de que nada está perdido, sino que realmente todo lo que viva hoy es necesario para vivir una vida realmente plena. Nadie dijo que sea fácil, pero de algo estoy seguro: imposible definitivamente no es.


Peter -

lunes, 28 de noviembre de 2016

So many things, so little time


Termina un año que fue sin dudas uno de los más intensos y completos que viví hasta ahora. Cada uno -cada año- siempre es recordado por las cosas que aprendemos, los desafíos que afrontamos, las personas que se cruzan en nuestro camino; y este tiene todos y cada uno de esos detalles que lo hacen inolvidable. El primer año de mi carrera, donde descubrí tantas cosas que no sabía, donde logré aprender a superar el miedo a no poder, a no saber qué vendrá después... 

Un año en el que me reencontré con personas que me hacen feliz, y que me permitió conocer a otras que ocupan hoy un lugar muy importante en mi vida, y estoy más que agradecido a Dios por eso.
Es extraño todo esto, como las etapas pasan, siguen su curso, sin que nada las detenga, más que nuestro recuerdo, y la añoranza de volver a vivirlas. Es extraña esa relación vivencias-tiempo, que no se condice en absoluto. Trescientos sesenta y seis días es muy poco para todo lo que viví este año, y no puedo creer que ya se termine.
Amo decir que lo disfruté, que miro para atrás con una enorme sonrisa sabiendo que todo -todo- valió la pena. Amo haber cruzado mi camino con el de personas por las que hoy siento un gran cariño, personas que realmente me hacen bien. Sonrío por saber que Dios estuvo conmigo en cada momento, cuando estuve a punto de bajar los brazos, dándome fuerza para seguir. Disfruto de saber que mi familia siempre alienta mis proyectos, siempre me apoya y empuja a seguir creciendo en lo que amo.
Es extraño sin dudas, estar en este instante, escribiendo para intentar expresar lo mejor que puedo, todos los enormes y diferentes sentimientos que me invaden. Voy a extrañar recorrer los pasillos de mi amada FADU, mi segundo hogar. Pero miro hacia adelante, hacia todo lo que aún queda por vivir, y me siento feliz por saber que sin dudas es mucho.

Peter -

domingo, 30 de octubre de 2016

Someday we'll know

 Quizás sea cierto, quizás en verdad haya alguien predestinado para cada uno de nosotros, es una pregunta que da vueltas en mi cabeza más que muchas otras cosas. Se -quiero creer- que Dios tiene a esa persona preparada desde que ambos llegamos a este mundo y que en algún momento nuestros caminos van a cruzarse. A veces sin embargo, me pregunto si realmente será así, si existirá esa mujer que un día va a estar de pie frente a mi, vestida de blanco, a punto de comenzar un nuevo camino juntos -a caso el más hermoso de todos-. 

Pienso en cómo será ese momento, en su color de pelo, sus intereses, su mirada. Pienso en su forma de vestir, en cuáles serán sus lugares preferidos, esos a los que va cuando necesita sentirse en casa...

Pienso mucho en ella, en sus intereses, sus anhelos, en qué cosas la harán feliz, cuáles le darán miedo. Imagino su sentido del humor, su instinto aventurero, que acompañe al mío en infinidad de viajes. 
Casi puedo visualizar esos ojos color miel, mirándome fijo con expectativa, esa leve y tierna sonrisa en los labios, como quien sabe siempre lo que esconde la otra persona detrás de tantos pensamientos.

Qué increíble es, ¿cierto? Quiero decir, pensar tanto en alguien, como si la conociera de toda la vida, como si supiera quién es, aunque, claro, no lo se...
Nos imagino sentados en la hierba una tarde de verano, disfrutando de un abrazo infinito acompañado de un delicioso jugo de frutas; o caminando por la ciudad sin rumbo alguno, pero siempre de la mano, para llegar a donde sea, pero juntos.

Por momentos pienso, si realmente algún día me cruzaré en el camino con esa persona que marque mi vida de manera tal, que no me quepa la menor duda de querer pasar el resto de mi vida a su lado, esa persona que despierte en mí sentimientos que hace mucho no ven la superficie, pero que, confío, encontrarán algún día el perfecto puerto donde vivir para siempre.

Peter -

lunes, 26 de septiembre de 2016

And everything that's yet to come



A veces pienso, no puedo evitarlo. Pienso en qué me deparará el futuro, pero no por sentir temor o no saber hacia dónde dirigir mis pasos, sino más bien porque me genera tanta intriga imaginarme a mi mismo, de aquí a diez años, a cinco, a dos... 
Hablando con algunas personas, les cuento lo mucho que anhelo que llegue el día en que me case con la mujer que ame -aún cuando todavía no nos hemos encontrado-. Quienes me conocen saben que uno de mis sueños mas grandes es tener una fiesta de casamiento totalmente sencilla, en una playa desierta, con mi familia, mis amigos más cercanos y mi perra; que para nada quisiera una fiesta en un lujoso salón ni vestirme con un traje costoso, sino que me sentiría más que a gusto, vistiendo un pantalón blanco arremangado, una camisa y unas alpargatas del mismo color, y que nuestro salón sea un gazebo en medio de una estancia, decorado con enredaderas y luces amarillas, con una larga mesa en donde todos nos sentemos a disfrutar de platos deliciosos, mientras una banda de folk que nadie conozca nos regale sus melodías de fondo.

Pienso en mi futuro, y eso me lleva también a pensar e imaginar el futuro de mis amigos, de mi familia, de esas personas que todos los días ocupan un lugar importante en mi vida. Me imagino cómo será cuando Ivana se case, y lo felices que vamos a sentirnos Tania y yo por estar ahí en su noche inolvidable. O cuando ella -Tania- también tenga su noche, e Ivana y yo la acompañemos en la primera fila, intercambiando miradas de una felicidad indescriptible. Me imagino a mis hermanos, Deby con su marido -que estoy seguro de que va a ser el mejor del mundo-, Marcos con su esposa, que, también estoy convencido, va a ser la mujer ideal para el. Pienso en Eva, en su novio, en los años que hace que están juntos y en lo lindo que sería verlos ahí parados, diciendo si, quiero, una vez y para siempre. Imagino a mi madre, rodeada de nietos corriendo por todos lados, abrazándola con ese amor tan especial que sienten los nietos por sus abuelos -y viceversa-.

Quizás suene extraño, quizás alguien pueda pensar que no tiene sentido anticiparse tanto, que es mejor vivir hoy y ahora. Pero yo creo que es hermoso soñar con esas cosas, porque después de todo, lo que hoy y ahora estamos viviendo, y todo lo que hemos logrado, en algún momento fue un sueño lejano; y creo que así como llegó un día en que lo que solía parecer lejano se hizo realidad, también va a llegar ese momento en el que todos esas cosas que hoy son apenas sueños, van a ser nuestra realidad.
A mi modo de ver, no hay nada más hermoso que visualizar el futuro, y cuando finalmente llega, darnos cuenta con una sonrisa, que es tal cual lo habíamos soñado.

Peter-

lunes, 19 de septiembre de 2016

That place I call ´home´ (never is too late)

Este blog viene siendo una especie de diario de vida desde hace ya cinco largos años. Cuando lo creé, nunca pensé que fuera a convertirse en algo tan importante para mi, pero afortunadamente, así fue. 
Es por eso -por lo importante que es este espacio en mi vida- que a veces me preocupo, me disgusto o me frustro un poco cuando paso largo tiempo sin poder sentarme a plasmar tantas cosas que pienso, que siento, que se me ocurren... porque justamente este es el lugar en el que quiero que esas cosas vivan para siempre.

Muchas veces pasan los días y me digo a mi mismo: "voy a llegar a casa y a escribir en el blog", pero el trabajo y la universidad me quitan la mayor parte de la energía, por lo que termino dejándolo siempre para después, 
no sin sentir una vez más esa horrible frustración.

Quizás sea difícil de entender, pero este espacio es, para mi, mucho más que un pequeño lugar en medio de Internet, es el registro de montones de sensaciones, es la materialización de mi mundo interior, es algo realmente importante. Por eso es que hoy quise hacer un pequeño espacio en mis obligaciones diarias, para decir(le) que nunca me fui de este lugar, aún cuando hubo uno o dos años en los que casi no escribí, sigo viviendo aquí, y siempre que pueda voy a darle alguna pequeña chispa de vida, dejando guardadas dentro de sus rincones todas las cosas que forman parte de mi mundo.
A pesar del tiempo y la distancia, este sigue siendo mi hogar, y espero que lo sea para siempre.


Peter- 

viernes, 8 de julio de 2016

Every day, a story to tell (half of the year)




Hace muy poco, el treinta de junio, fue el día número ciento ochenta y tres del año, lo que significa que el 2016 ya va por más de la mitad y, más interesante aún, que me ha dejado montones de cosas hermosas. Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo, tanto que me cuesta darme cuenta de que, en unos días nomás, cumplo veinticinco años de vida... me parece increíble. 
Si el año anterior fue uno de los mejores de mi vida, este viene ganándole el puesto con el doble de ventaja, aunque no creo que se trate de elegir "el mejor año de nuestras vidas", sino más bien de saber guardar para siempre los momentos lindos, los aprendizajes, las alegrías, los logros, los sueños hechos realidad; y este 2016 viene regalándome mucho de eso. Recuerdo los primeros días de enero, aquellas mini vacaciones de verano en casa de una amiga, salir a caminar por la ciudad y sacar miles de fotos, mirar Friends hasta la madrugada. Recuerdo las ansias que sentía por empezar las clases en la universidad, mi tan ansiada carrera luego de terminar el Ciclo Básico; recuerdo la sorpresa de encontrarme el primer día con personas que cursaban conmigo antes, y a través de ellas, conocer a otras, con quienes hoy guardo una muy linda relación. Lo que va de este año sin dudas va a quedar en mis recuerdos por siempre.

También pasé por momentos difíciles, días en los que sentía una enorme impotencia que me daba más ganas de dejar mi carrera que de seguir intentando, frustración por no saber cómo seguir, pero, como no podía ser de otra manera, Dios siempre estuvo ahí para tenderme una mano y ayudarme una vez más a lograr mi objetivo.
Esta mitad del año viene siendo bastante intensa, pero creo que es hermoso poder vivir la vida con intensidad, disfrutando de absolutamente todo lo que se nos cruce en el camino, desde un simple café con un amigo, hasta el nacimiento de un nuevo proyecto -este año nacieron varios-.

Siento ganas de seguir viviéndolo, de seguir transitando estos días de invierno que pronto se convertirán en primavera, para darle más tarde lugar al verano. 
Parece mentira que ya estemos a estas alturas, pero me alegra que así sea, porque puedo decir alegremente que el 2016 no es ni va a ser un año más, es algo especial, es, simplemente, un conjunto de enormes alegrías.

Peter -

domingo, 22 de mayo de 2016

Her name in every summer

Ella es cada amanecer, la sonrisa de un niño al disfrutar sus golosinas. Es el sol de verano que se cuela por la persiana de una habitación, es cada uno de sus cálidos rayos. Ella es todas las canciones que no dejo de escuchar, porque me encantan; es el aroma del café recién hecho, el canto de un pájaro, el abrazo más largo, es ella.

También es un día de lluvia, esa lluvia que no molesta, sino que acompaña y embellece. Es un viaje soñado, un cuadro en acuarela, el perfume de jazmines que me regala el camino cuando vuelvo a casa. 

Ella es una tarde de otoño, un suéter amarillo, una mirada inolvidable. Todo eso es, ella.

Porque cuando alguien se convierte en parte de uno mismo, está presente en cada pequeña cosa de la vida que uno ama con intensidad.



Peter -

miércoles, 4 de mayo de 2016

lunes, 18 de abril de 2016

We don't have time, but we can make it

El que mucho abarca poco logra dicen. Pero se olvidan de que el que mucho abarca, también mucho debe esforzarse. Comencé una vez más las clases en la universidad, pero esta vez es diferente, el Ciclo Básico quedó atrás y por fin estoy cursando mi carrera, esa por la que esperé tanto tiempo. Bajar del ascensor en el primer piso me recuerda aquellos días en que pensaba que no lo lograría, esos instantes de furia que me daban más ganas de abandonar todo que de seguir intentando. Saber que estoy haciendo lo que realmente vine a buscar me hace pensar en qué hubiera pasado si por cada fracaso hubiera bajado los brazos, y me lleva a ver que a pesar de todo fui perseverante. Quizás si, tomó más tiempo del que debería haber tomado, pero ¿qué significa eso realmente? ¿o a caso hay algún tipo de manual universal que establece cuánto debe durar cada etapa en la vida?

No sirve compararse con otros, eso es algo que siempre me ha costado incorporar a mi vida diaria, pero que últimamente he logrado hacer con bastante eficacia. Y si, desde mucho antes sabía que empezar la carrera iba a traer consigo una renuncia a muchas cosas. Me lo habían dicho y ahora lo vivo cada día, esa es la parte de esforzarse mucho. ¿Quién no querría que el día tuviera más horas?
-aunque estoy seguro de que tampoco así alcanzaría-. Creo que simplemente es cuestión de dedicarle a cada cosa el tiempo que corresponde, o establecer una lista de prioridades. Y quizás si, me frustra un poco pasar semanas sin escribir, leer menos libros y más apuntes, tener la cámara durmiendo dentro de su funda y no encontrar momento para salir al mundo a capturar instantes, pero al mismo tiempo se con seguridad que toda renuncia tiene su recompensa, y que lo que ahora estoy haciendo es lo que realmente ansié llegar a hacer, el tiempo para cada cosa se encuentra cuando deja de buscarse.


Peter -