viernes, 21 de enero de 2011

Nostalgias de una tarde de otoño



 La tarde cae en la ciudad. El sol brilla e inunda el aire de luz y calidez; nos abraza, nos llena de paz. Los rayos se cuelan por entre las hojas de los eucaliptos y los pinos; entran por la ventana. Iluminan con esa luz tenue del sol de otoño, todo a su alrededor: las copas de los árboles, los edificios, los rostros de los que deambulan por la ciudad, dirigiéndose a quien sabe cuántos lugares.
 Iluminan lo concreto y lo abstracto. Lo concreto: nuestro alrededor; lo abstracto: el alma. Nos llenan el alma de paz, nos brindan su calidez, nos hacen recordar momentos, sentimientos. Nos traen al presente, instantes del pasado que nos dieron felicidad. Nos transportan, los rayos del sol, a un lugar lejano; un lugar al que podemos viajar en cada atardecer.
 Pasan los minutos, las horas, el tiempo. Momentos del futuro que se hacen presente y luego pasado en un instante. Y mientras vivimos, recordamos; y mientras recordamos, sentimos. y mientras recordamos y sentimos, seguimos disfrutando de los rayos del sol de otoño, llenos de luz y de vida; de sueños y sensaciones.
 Los rayos del sol siguen iluminando todo a su paso. También la mesa de madera, al lado de la ventana; donde me siento a escribir mis nostalgias de una tarde de otoño...


Peter// 2010

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