viernes, 21 de enero de 2011

Un atardecer


Un atardecer es algo mágico. Un momento que se repite a diario, pero cada atardecer es único. Un momento lleno de recuerdos, de sentimientos, de nostalgia, quizás. Un momento lleno de paz, de armonía, de tranquilidad. Lleno de sensaciones, de situaciones. Un atardecer es un momento que representa muchas cosas. La partida del día, la llegada de la noche. La vuelta a los hogares, el reencuentro con los seres que amamos, el descanso hasta el día siguiente. Cada atardecer es, pues, un momento único y en cada lugar se ve y se aprecia de una manera completamente diferente.
 Un atardecer en la ciudad, por ejemplo, es algo sin dudas, maravilloso. El solo hecho de ver el sol ocultarse entre los edificios es algo hermoso. La puesta de sol en la ciudad es increíble.
 Un atardecer en la playa, en el mar, es completamente distinto. Transmite paz, tranquilidad. La brisa cálida de verano le agita a uno los cabellos mientras el mar, ya mas tranquilo que unas horas antes, forma unas olas pequeñas, pero o por eso débiles, y se ve de fondo, como el sol, esa gran bola de fuego, va ocultándose y nos parece que de a poco se va sumergiendo en las aguas del mar.
 Un atardecer en el campo es muy distinto a los otros dos. La soledad de la planicie rural permite apreciar momentos únicos, como un atardecer.
Sin dudas, un atardecer es un momento mágico, en el que el sol va sumergiéndose de a poco en un mar de nubes, en un cielo infinito...

Peter// 2008

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