viernes, 11 de marzo de 2011

Atardeceres y sueños


Otro atardecer cae en la ciudad. El cielo, lleno de nubes, se pinta de un tono anaranjado que me hace volar con la mente y me da una paz que pocas veces otra situación puede igualar. A lo lejos, desde mi ventana, se ve como un avión se mezcla entre esos enromes copos de algodón, con reflejos de sol.
 Poco a poco va llegando la noche, y cientos de luces doradas, como miles de chispas, llenan el aire de vida. Cierro los ojos por un momento y casi puedo imaginar otro lugar; otro mundo. Viajo con la mente, mientras disfruto de las melodías que suenan de fondo. No puedo evitar sentirme libre, y pensar que no hay barreras. Deseo ir lejos, a donde la música quiera llevarme. Solo cierro los ojos y viajo. Viajo por entre las nubes y más allá de ellas, como en un globo de aire caliente.
 De un instante a otro, quizás por inercia, mis ojos se abren, pero no dejo de sentir esa paz, porque cada día, en cada atardecer, la misma sensación me llena el alma una y otra vez...

Peter//

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