jueves, 23 de junio de 2011

Lugares y misterio

 Siempre tuve cierta atracción hacia lo misterioso. Más precisamente hacia lo antiguo, medieval; porque todo eso mi mente lo relaciona con el misterio. Siempre me gustaron las casonas antiguas, los castillos y las fábricas viejas que, aunque estén abandonadas, algunas se mantienen en perfecto estado.
Desde chico sueño con conocer los castillos de Escocia e Irlanda; lugares llenos de magia e historias para contar.  Cada vez que me acuerdo de cuando vi lugares así, siento unas ganas increíbles de ir y pasear por sus torres, sus habitaciones, sus parques… Es algo hermoso para mi, y hasta tuve la posibilidad de vivir un tiempo en un castillo de unos conocidos de mi familia, en las afueras de Buenos Aires, aunque no era tan lindo como los castillos medievales.
Mi abuela cuando era chico, siempre me contaba la historia del Palacio Dueau, una residencia que está ubicada al norte de la provincia y que, según ella, perteneció a dos hombres que nunca se casaron y la heredaron a sus sobrinos. Contaba mi abuela que su mamá, o sea mi bisabuela, los cuidaba cuando eran chicos y que ella se pasaba horas recorriendo el inmenso verde de los jardines, y los incontables pasillos y recovecos de aquel lugar mágico. Todo esto me hacía imaginarme a mí en su lugar, recorriendo todo el castillo, llenando mi mente de imágenes hermosas y mi corazón, de momentos inolvidables.
Pero más allá de la belleza de los castillos, las casas antiguas y las fábricas abandonadas, lo que más me atrae de todo es la cantidad de historias que esos lugares tienen para contar; que seguramente serán muchas, y aunque no pueda conocerlas todas, me siento más que satisfecho al saber que esos lugares están ahí, esperando que curiosos como yo vayamos y los descubramos nosotros mismos…
Peter//

[En la imagen: Mount Saint Michael, Francia]

jueves, 16 de junio de 2011

Desepciónes


No puedo entender cómo las personas cambian tanto de un momento a otro. Personas con las que tenía una amistad aparentemente irrompible, de pronto desaparecen sin dejar rastro de su existencia. Eso duele; pero no puedo quedarme en la tristeza sin avanzar. Creo que es hora de ver la realidad y fijarme bien en quien confío y quien verdaderamente siente lo que dice sentir. Creo que estas situaciónes tienen una parte positiva y esta es que al fin pude ver las cosas como son y dejar de engañarme. No entiendo a dónde fue nuestra amistad, pero de lo que estoy seguro es de que ahora me siento mucho mejor...

miércoles, 15 de junio de 2011

Marginación Social

 Hoy caminaba hacia mi trabajo como todas las mañanas, y cuando iba cruzando una plaza, vi algo realmente tristísimo. Vi a un hombre mayor, anciano, sentado en una parte de la plaza, entre unas improvisadas paredes de cartón. Y eso sinceramente me partió el alma por la mitad. Hoy fue un día de frío y lluvia en Buenos Aires, por lo cual todo el mundo caminaba abrigado de pies a cabeza, incluso yo. Sin embargo este señor no tenía más abrigo que un buzo de algodón muy finito, que seguramente no lo protegía para nada del frío. Ver esa realidad tan deprimente, sinceramente me entristece mucho, porque veo que muy pocas personas se preocupan por esa gente. Me pongo en el lugar de ese hombre y pienso que sentiría yo si estuviera en esa situación y todos los que pasaran a mi lado me dieran vuelta la cara. Es una realidad angustiante y me siento muy impotente por no poder hacer nada para mejorarla...

Pero la anécdota continúa.

 A la tarde, cuando salí de trabajar, volví a pasar por ese lugar y vi nuevamente al anciano, en la misma situación; en el mismo lugar de siempre. Y una vez más sentí mucha tristeza por no poder ayudarlo, pero como no podía hacer nada al respecto, seguí caminando. A la media cuadra me acordé de que me había quedado medio sándwich del almuerzo, y que lo tenía en la mochila, así que volví al lugar donde estaba este hombre; que ahora se encontraba junto a su esposa, y le pregunté si quería el sándwich. El, por supuesto, me dijo que si con una gran sonrisa de agradecimiento. Pude ver en sus ojos la satisfacción que a cualquiera le produce el saber que tiene alguien a quien le importa. Le dije "que Dios lo bendiga mucho", y seguí mi camino.

Sinceramente no creo ser ejemplo de nada, pero escribo esto porque cuando me iba, después de haberle dado el sándwich a ese hombre, sentí una revolución de cosas en la cabeza, y necesitaba plasmarlas en algún lugar; y creo que no hay mejor lugar que este para expresarme. No quiero que quien lea esto piense que me creo lo mejor por haber ayudado a alguien marginado. Simplemente pretendo compartir lo que viví y tratar de concientizar a quienes lo lean, para que tomen la misma actitud frente a situaciones como esta. A veces con una simple ayuda o con un acercamiento para saber como se siente la persona, podemos lograr muchísimo. No importa si lo que damos es mucho o poco, lo que importa es que la otra persona no sienta que le damos vuelta la cara; y sepa que no todos somos iguales y que a algunos si nos importa lo que sufren y lo que les pasa.

Peter//

sábado, 11 de junio de 2011

Aceptar y superarse


 Últimamente estoy teniendo una actitud determinada frente a los hechos que suceden en mi vida. Tiendo a aceptarlos, sin mas. Esta actitud se presenta solo cuando se dan situaciones que no dependen de mi, situaciones que por más que quiera, no puedo cambiar.
 Cuando algo depende puramente de mí, y noto que puedo mejorarlo, entonces si lo intento y me esfuerzo por lograrlo; pero cuando se me presenta una situación que está fuera de mi alcance manejar, últimamente tiendo a aceptarla y seguir adelante con mi vida. Quizás sea obvio ya que hay cosas que no dependen de uno y que, por lo tanto, no se pueden cambiar. Sin embargo no es tan simple como parece, porque no es nada fácil acostumbrarse a convivir con esas cosas y aceptarlas; pero sin dudas a veces es lo mejor que podemos hacer. 

 Muchas veces pasa que esperamos algo de alguien, y resulta que eso que esperábamos nunca llega, y nos sentimos frustrados, y después la frustración conlleva angustia. Y yo últimamente en casos como este, tiendo a aceptarlo y seguir; porque aunque duela, siempre nos vamos a encontrar con decepciones a lo largo de la vida, y no siempre las cosas van a salir como nosotros queremos porque, como decía al principio, no todo depende de nosotros. 

 Aceptar algo no es sinónimo de rendirse ni de bajar los brazos, sino que es una alternativa para no frustrarse y angustiarse al ver que, a veces, las cosas que no dependen de nosotros salen de un modo diferente al que esperábamos. Aprender a convivir con esas cosas que no podemos manejar es fundamental. Pero también lo es el esforzarse y dar lo mejor para mejorar todo lo que esté a nuestro alcance, y así poder cumplir todos nuestros sueños, deseos y expectativas…

Peter//