martes, 30 de agosto de 2011

Volar


 Sus brazos se entrelazaron y sus manos se apoyaron suavemente en la espalda del otro. En ese mismo instante sintieron como sus mentes se sumergían en un mar de sensaciones maravillosas e indescriptibles; ninguno de los dos sabía por qué, pero en ese momento el tiempo parecía no pasar. Ella lo abrazó aún con más fuerza, él acariciaba su cabeza y sus mejillas, mientras seguía abrazándola con uno de sus brazos. Ya no existían las horas, los minutos, los segundos;  y cada vez iban perdiéndose más en ese montón de sensaciones y en todos los recuerdos que venían a sus mentes de los momentos que habían disfrutado juntos. No hacía falta más nada, porque allí estaban, como la primera vez, compartiendo ese momento, ese silencio, ese abrazo eterno; sintiendo la magia que inundaba el aire; viviendo lo mismo, sintiendo lo mismo. Ahí estaban; unidos para siempre, inseparables, indestructibles. Y se miraron; y supieron ver en la mirada del otro, todos esos sentimientos expresados; esos que ocupaban lo más profundo de sus corazones. Y al mirarse entendieron una vez más que nunca se separarían porque lo que los unía era único; porque era auténtico, verdadero. Y luego de mirarse, volvieron a entrelazar sus brazos, y una vez más cerraron sus ojos al tiempo que disfrutaban de la suave brisa de invierno, del canto repentino de un pájaro, de un silencio infinito luego.  El siguió acariciando su cabeza; ella se apoyó nuevamente en su hombro. Y simplemente se dejaron llevar; se dejaron perder una vez más en ese mar de sensaciones hermosas e indescriptibles que significaba cada abrazo que inventaban...

[Forever united here somehow ♪]

Peter//

sábado, 27 de agosto de 2011

El país del Dicho y Hecho

 En el país del Dicho y Hecho la gente era muy impulsiva. Nadie pensaba las cosas más de una vez antes de que sus labios largaran las palabras. Esto muchas veces era un problema porque no pasaba más de una centésima de segundo desde que alguien decía algo hasta que se cumplía. Por ejemplo, fue muy complicado frenar la ola gigante que llenó la capital cuando a alguno se le ocurrió decir que le vendría muy bien un chapuzón.  Luego, cuando la señora del almacén, hablando con una de sus clientas, le dijo que tenía un millón de productos por acomodar, en seguida empezaron a aparecer así como de la nada, paquetes de fideos, botellas de vino, latas de todo tipo de conservas;  y fue tal el impacto de las palabras de la almacenera que a ella y a la clienta la mercadería les llegaba hasta el cuello.  Famoso fue el caso de Manuel, el dueño de la tienda de relojes, que una vez, después de trabajar todo el día sin descansar, exclamó: “Necesito una pausa!” y al instante todos los relojes de la tienda y del mundo, se detuvieron; y aprovechando que el tiempo no corría, Manuel se echó a dormir y la siesta duró tres días.

Cuando las horas, los minutos y los segundos volvieron a ser quienes habían sido y continuaron su marcha, otro ciudadano caminaba por la calle y escuchaba una canción que en el estribillo decía algo así como “ojalá que llueva café…” y no tuvo mejor idea que hacer un dueto con la radio y cantarlo al mismo tiempo. En un abrir y cerrar de ojos, las calles estaban inundadas de granos de café. Ese día fue muy complicado caminar; algunos se resbalaban en el intento, otros no se arriesgaban a salir de sus casas. Yo, cansado de tantas inundaciones, tantos océanos de productos de almacén y tantos segundos que se detuvieron, me dije: “Me encantaría salir de todo este desorden!”  y Plop! Desaparecí.

Peter//

lunes, 22 de agosto de 2011

Nuestra esencia

 
 A veces se me da por pensar que ya estoy grande para que me sigan gustando ciertas cosas, o para comportarme de determinada manera; por ejemplo con la música que escucho. Hay grupos o cantantes que me gustan, aunque sea por una o dos canciones, y que muchas personas dirían que son “infantiles” o que es el típico pop comercial; sin embargo, a pesar de todas esas criticas, a mi me siguen gustando y los sigo escuchando siempre que tengo ganas. Sin embargo por momentos pienso: “tengo 20 años y escucho música que podrían escuchar chicos de 14 o 15” y a veces hasta yo me creo medio infantil; pero en seguida me doy cuenta de que el principal objetivo de la música es transmitir cosas, sensaciones, emociones; y sin dudas esas bandas “infantiles” para muchos, a mi me transmiten muchas cosas, y es ahí cuando me convenzo una vez más de que no hay edad para los gustos musicales, sino que mientras a uno le hagan sentir lo que busca sentir, somos totalmente libres de seguir escuchándolos.
Otra cosa que me pasaba hasta hace un tiempo es pensar en mi estética en relación con mi edad. ¿Por qué? No lo se… Simplemente se me pasaba por la cabeza el pensar que “estoy grande para tener un arito en la nariz y un expansor en la oreja…” En seguida me daba cuenta de que era una estupidez gigante el pensar de esa manera, y aún ahora al escribirlo me río de haber pensado así, porque aunque parezca ridículo, ese arito y ese expansor que tengo me hacen feliz, porque son parte de mi (de hecho, si no me hicieran feliz no me los hubiera hecho). Son parte de mi “estilo”, por así decirlo, y no creo que me los sacara por nada, a menos que fuera totalmente necesario. Así como también la ropa o los accesorios que uso a diario, como mis lentes que no son para ver mejor, sino que la única función que cumplen es divertirme al usarlos y demostrarles a los demás que si quedan ridículos, no me importa en absoluto; o el gorrito estilo coya de Lulii, que me lo prestó por un tiempito, y cuando lo usaba por la calle la gente me miraba raro y yo por dentro me reía pensando lo bien que me sentía usando ese gorrito… En fin, muchas veces me plantee el tema de que quizás uno crece y hay cosas que tiene que ir dejando de lado; pero al mismo tiempo se que si esas cosas no afectan a nadie y nos hacen felices a nosotros, no tenemos por qué dejar de disfrutarlas. Después de todo, forman parte de nuestra vida, de nuestra esencia.

Peter//

jueves, 11 de agosto de 2011

Amaneceres nublados


Un nuevo día comienza. Es otra de esas mañanas grises, sin embargo me gusta. Al mirar por la ventana puedo contemplar la inmensidad de un cielo todo teñido de gris; puedo respirar el aroma de las flores de los jardines, y una suave brisa me sorprende de repente y me hace sentir armonía, paz, libertad. Me da ganas de volar a lugares desconocidos, lejanos...
Desde la ventana puedo ver, también, cientos de luces amarillas que iluminan las calles, las casas, y me hacen sentir una calidez inigualable. Esa calidez que produce lo cercano. Si, me hacen sentir algo así.
A medida que el día va haciéndose presente, muy de a poco las luces desaparecen. Miro entre los edificios y me parece estar en una ciudad infinita. Siento ganas de ir lejos, de dejarme llevar por las miles de sensaciones que me invaden. Pero caigo en la cuenta de que es solo una fantasía; sin embargo no me deprimo porque con solo mirar ese cielo infinito, cerrar los ojos luego y perderme en la brisa fresca de verano, ya me siento más que satisfecho...

Peter// Marzo, 13. 2011

jueves, 4 de agosto de 2011

Equilibrio

 Creo que cuando nos encontramos frente a una situación difícil o cuando algún problema nos tira el ánimo abajo, algo fundamental es entender. Quizás suena simple, ya que cualquier persona puede entender lo que le provoca dichos sentimientos desagradables, pero no todo es tan simple como parece. Muchas veces entender realmente lo que nos hace sentir así, cuesta mucho y eso nos hace sentir peor, porque quizás estamos tristes, angustiados y no encontramos un por qué. También suele pasar que la angustia trae muchos pensamientos a nuestra cabeza y lo único que necesitamos es dejar de pensar por un momento y sentir paz interior; pero eso no pasa hasta que no entendamos qué es lo que nos causa la angustia, y hasta que no sabemos qué tenemos que hacer para superarla. Muchas veces lo que nos causa la angustia son cosas que nosotros mismos nos creamos;  miedos, temores, inseguridades. Otras veces son situaciones tristes que vivimos ; y a veces se nos hace muy difícil afrontarlo y superarlo. Sentimos que no podemos más, nos invade la incertidumbre, y cada vez nos cuesta más seguir adelante. Pero en esos momentos solo hay una solución: sentarse y pensar en positivo; porque aunque quizás parezca que no hay nada positivo en la situación que estamos pasando, siempre hay algo que rescatar. Siempre puede verse el lado bueno aún de la peor experiencia que podamos tener en la vida; y eso es lo que nos va a permitir liberarnos de la angustia, del dolor; y poder seguir adelante.
Obviamente también está el apoyo de la gente que nos quiere, sin el cual no podríamos continuar; pero es fundamentar entender que TODO tiene su lado positivo y mantener esta forma de verlo permanentemente, para no volver a caer en la angustia y el dolor. Si miramos la vida con optimismo, sin dudas nos va a ser mucho más fácil superar los problemas que puedan surgir. Desafortunadamente siempre van a haber cosas que quieran hacernos sentir mal, pero todo depende de cómo afrontemos nosotros dichas cosas. Obviamente a veces cuesta ver la manchita de sol en medio del cielo nublado, pero justamente saber ver esa manchita de sol, es lo que nos va a permitir seguir siempre adelante. Nuestro bienestar anímico depende íntegramente de nosotros y de cómo decidamos ver la vida. Aunque cueste, hay que pensar que todo pasa, y aprender a ver lo bueno en todo lo malo que podamos estar viviendo. Así y solamente así las cosas van a estar bien.
Peter//