martes, 27 de septiembre de 2011

Changes

  
Cada día soy más consciente del cambio constante al que estamos expuestos. Pero no hablo del cambio del entorno, de lo que nos rodea; hablo de cómo cambian las personas. Personas que en algún momento fueron de una manera y un tiempo después pasaron a ser de otra. O quizás son iguales que antes, pero por momentos me da la sensación de que perdieron algo de eso que las hacía ser quienes eran. Todos estamos obligados a tomar decisiones en algún momento. El camino de la vida siempre se bifurca frente a cada situación que vivimos y ahí estamos obligados elegir; a escoger uno de los nuevos caminos a seguir. A veces elegimos justificando que esa opción es la que más nos hace felices, lo que queremos; otras veces podemos escoger un determinado camino porque, aunque quizás no sea el que realmente queremos, es el que más nos conviene tomar. Y otras veces elegimos lo que elegimos porque sí, porque es lo que nos parece bien en el momento, lo que se nos "antoja". Pero quizás en algunos casos no pensamos bien antes de tomar una decisión. Quizás elegimos rápido y no nos damos tiempo de pensar en las consecuencias que esa elección conlleve más adelante.
A veces me pregunto si el problema es mío; porque yo siempre intento ser eso: yo. Intento no alejarme de la gente, no descuidar mis amistades ni a la gente que quiero y que ocupa un lugar importante en mi vida. Intento ser siempre igual, y si cambio, cambiar para bien. No sé si lo logro siempre, pero lo intento cada día. Intento, a la hora de elegir, ir por el camino más conveniente y en general no me dejo guiar por impulsos o por situaciones del momento. Si cuando tengo que escoger entre dos opciones no tengo las cosas del todo claras, prefiero dejar todo así como está hasta que el curso de los hechos me muestre qué es lo mejor que puedo hacer. Sin embargo veo a mí alrededor un constante cambio. Veo, como decía al comienzo, que hay personas que dejan de lado su forma de ser o parte de ella por diferentes motivos. Veo cambios en las relaciones, veo que a veces eligen lo que piensan que está bien y no se dan cuenta de que están haciendo daño. Veo que prefieren algo a otra cosa, cuando en otro momento ambas fueron igual de importantes en sus vidas. Y todo esto me decepciona y a veces me duele. Me duele ser siempre yo el que intenta no perder contacto, el que intenta que todo se mantenga igual que siempre, de la mejor manera que se pueda. Me duele sentir por momentos la pérdida de interés de las otras partes; me decepciona sentir dentro mío que lo que doy por los demás, por aquellas personas que realmente me importan, no vuelve; o por lo menos, no siempre de la manera que espero o que me gustaría. Me duele sentir por momentos, que quizás todo aquello que antes estaba ahí, ya no está. Quizás son solo pensamientos míos, quizás no sea más que una suposición, pero lo cierto es que las personas cambian. Obviamente es necesario para convivir el aceptar esos cambios, pero aceptarlos no quiere decir que no duelan. Igualmente estas cosas me hacen saber una vez más que no es bueno aferrarse demasiado a las personas. Esto hace que me dé cuenta de que cualquiera, por más que sea nuestro mejor amigo, nuestra pareja, aquella persona que siempre estuvo; el día menos pensado nos da la espalda o deja de lado aquellas cosas que lo hacen especial en nuestra vida. Todos tenemos personas que ocupan un lugar importante en nuestro corazón y que consideramos como parte de nosotros, y tampoco puedo decir que es mejor vivir sin amigos porque me estaría mintiendo a mi mismo; pero lo que digo es que a veces siento que hasta las personas más cercanas pueden dejar de ser quienes son, quienes eran, por cualquier motivo; pueden tomar una decisión quizás equivocada para nosotros, y conveniente para ellos. Pueden simplemente elegir alejarse de nosotros, dejarnos sin más; o pueden, también, elegir continuar en nuestras vidas como siempre, aunque perdiendo por momentos eso que los hace especiales. Yo siempre intento ser el mismo, y no sé si lo logro, pero lo intento día a día. Intento no cometer esos errores. Seguramente cometa muchos otros, pero no creo que uno de ellos sea perder mi escancia y dejar de ser quien soy.

Peter//

Volver a vernos


Hoy me desperté alrededor de las 9 de la mañana como de costumbre. Entre esas idas y vueltas de levantarme de la cama o seguir durmiendo un ratito más, sonó mi celular.
–Hola- dije.
 –Hola, soy Sara- se escuchó del otro lado.
 
Sin dejar de asombrarme, dije  –Wow! Que sorpresa que me llames!-  a lo que ella contestó con una pequeña risa, seguida de un –Cómo estás?-  Yo le contesté que estaba muy bien y así estuvimos hablando un ratito. En un momento me dijo:

-Qué hacés hoy?- yo, sin entender bien el por qué de la pregunta, dije:
-Hoy voy a Diseño, por?-
-Porque estoy en Buenos Aires- dijo ella casi gritando de euforia.

Yo no lo podía creer! Mi amiga Sara, de Suiza, había vuelto a Buenos Aires! Esa misma persona que hace unos meses despedí con tristeza, sabiendo que no sabía si alguna vez iba a volver a verla. Esa persona que conocí hace poco tiempo y que resultó ser increíble, más que buena onda; resultó ser una persona genial.  Esa que vive del otro lado del Atlántico, a 13mil kilómetros de mi casa. Esa persona, mi amiga Sara, me estaba diciendo que así de la nada estaba en Buenos Aires y que quería que nos viéramos.
Nos juntamos al mediodía y fuimos con su primo Florian, que es amigo mío, a tomar un café a Starbucks. La verdad es que hoy no fue un día más. Hoy pude reencontrarme con una persona increíble que lamentablemente vive bastante lejos pero que no por eso dejó de ser importante en mi vida.
GRACIAS Sarii! Por ser esa persona llena de alegría, por tu amistad y por esta sorpresa increíble de volver a juntarnos. Seguramente pronto nos volvamos a ver …

Peter//

sábado, 17 de septiembre de 2011

Vuelvo a casa




Todos tenemos una segunda casa; un lugar en el que nos sentimos más que cómodos, en el que sea lo que sea que hagamos, nos sentimos bien. Un lugar donde estamos rodeados de gente que nos quiere; algunos parecidos a nosotros; otros no tanto, pero no por eso diferentes del todo. Un lugar donde sabemos de antemano que vamos a encontrar a alguien con quien compartir cosas, donde sabemos que tarde o temprano vamos a hacernos de nuevos amigos, y quizás esas amistades luego lleguen a ser irrompibles. Todos tenemos una segunda casa; y quizás a veces por circunstancias de la vida, tenemos que alejarnos de ella. Quizás solo por un tiempo, un tiempo largo o corto, pero un tiempo al fin. Quizás, en el peor de los casos, sea para siempre. Aunque también puede pasar que nos alejemos para crecer; para evolucionar. Quizás nos alejemos para luego llegar a un lugar mejor; pero que no por ser mejor es más valioso e importante que nuestra segunda casa. Podemos cambiar de lugar, de ciudad, incluso irnos a otro país; pero nuestra segunda casa sigue siéndolo para siempre. Porque es algo que se lleva en el corazón, es un lugar que nos marca de por vida. ¿Cómo nos damos cuenta cuando un lugar se convierte en nuestra segunda casa? En mi caso puedo decir que mi segunda casa es un lugar que marcó mi vida de una manera increíble, es un lugar que definió definitivamente mi vocación, que me abrió la cabeza a muchísimas cosas, me permitió desenvolverme mucho mejor con las personas y conocer personas maravillosas que hoy en día me siguen acompañando y siguen compartiendo la vida conmigo; además, claro, de permitirme adquirir conocimientos de lo que más me gusta, que es el diseño.


Hace un tiempo, como suele pasar a veces, tuve que dejar mi segunda casa. Conseguí un trabajo como diseñador gráfico y esto me ocupaba todo el día. A penas tenía tiempo de continuar mis estudios. Por un lado me sentí feliz, porque era un trabajo acorde a lo que yo quiero ser. Era lo que estaba buscando, y me hizo sentir bien poder tenerlo. Al principio sentía esto que dije antes: que dejé mi segunda casa para crecer, para evolucionar. Sin embargo luego empecé a darme cuenta de que me faltaba algo, algo que era irremplazable. Ese algo era el estar ahí, en mi segunda casa; ese vacío era el darme cuenta de que ya no estaba allí, era la angustia de ver que dejé lo que amaba por otra cosa que más que amarla, me era necesaria. Por razones que no vienen al caso, ese trabajo se terminó. Y ayer, después de casi dos meses, pude volver a mi segunda casa. Volví a sentirme tan bien y feliz como siempre; como cada tarde que pasé y que paso allí. Volví a ver a todas esas personas con las que compartí ya tres veranos, volví a empezar mi curso de Cine, que había tenido que dejar por lo que dije antes; volví a sentirme en mi espacio. Y lo más hermoso de todo es que no me olvidaron. Esa bienvenida tan linda! Ese “hey! Te extrañamos mucho!”, ese “que bueno que hayas vuelto!”. Esas cosas que me llenan el alma. Darme cuenta de que por más que, a veces por un tiempo, tengamos que alejarnos de nuestra segunda casa; seguimos estando allí de alguna manera. En los corazones de quienes nos quieren de verdad, en los recuerdos de los verdaderos amigos. Y que si de repente tenemos la posibilidad de volver, las puertas siempre están abiertas; y todo es igual que antes; como si nunca nos hubiéramos ido…


Quizás algún día me vaya para siempre, pero Puerta18 va a seguir siendo mi segunda casa, siempre.

Peter//

martes, 13 de septiembre de 2011

Ser libre es ser





Me he tardado en descubrir que ser libre es "ser". Ser tus pensamientos, ser tus sentimientos, ser todo lo que no eres, para descubrir quien eres. Dejar de ser para volver a ser algún día. Ser lo que quieres ser, ser lo que te dicen que no puedes ser... ser sin miedo. Cargamos un peso enorme porque creemos que no somos lo que deberíamos "ser".
Nos enseñan que ser sensible es ser débil...
Nos enseñan que ser sincero es no tener tacto...
Nos enseñan que ser fuerte es no llorar...
Nos enseñan que el exito es el dinero...
Nos enseñan que el ser autentico es ser ridiculo...
Nos enseñan que ser diferente es estar loco
Nos enseñan que la belleza es simetrica...


Pero... ¿quién nos enseña a querernos como somos? Creo que llega un momento en la vida de cada uno de nosotros en el que sabemos que algo anda mal... Me he tardado en ver tantas cosas, pero ahora comienzo a ser libre...


Daniela Rivero Zacarias

viernes, 9 de septiembre de 2011

Lo que vaya a venir


 Muchas veces, sobre todo cuando me encuentro solo y tengo tiempo para pensar, vienen a mi cabeza montones de reflexiones acerca de mi futuro. Me pongo a pensar cómo sería mi vida de acá a un tiempo largo, a un par de años… Pienso en las cosas que me gustaría haber logrado para ese entonces, pienso en lo que tengo que hacer hoy para que cuando llegue ese momento pueda decir que logré lo que quería; pienso en las personas que me acompañan en esta etapa de mi vida y en cómo va a ser la vida de cada uno de ellos en ese lapso de tiempo. Vienen a mi cabeza pensamientos de lo más variados, y reflexiones sobre todos los aspectos de mi vida. Me imagino a mi terminando mi carrera de diseñador gráfico en la Universidad de Buenos Aires, me imagino rodeado de la misma gente que hoy me acompaña, de los mismos amigos, de mi familia y las mismas personas que hoy me hacen feliz cada día. Pienso en las ganas que tengo de vivir mil cosas, aunque se que no está bueno acelerar los tiempos; pero a veces me carcome la ansiedad y me pregunto si en mi futuro podré lograr todo lo que hoy es solo un sueño dando vueltas en mi cabeza. Es increíble porque el futuro de uno es algo tan incierto y a la vez tan cercano y concreto… A veces se habla del “destino” y sinceramente no creo que sea algo muy factible. Me cuesta creer que cada persona nazca con un porvenir ya predeterminado porque entonces por más esfuerzos que hiciéramos por armarnos la vida a nuestra manera, las cosas terminarían saliendo igual que si no moviéramos un dedo. Obviamente hay ciertas cosas que aparentemente “tienen” que pasar; pero me parece que no hay un destino para cada uno. Creo que nuestro futuro lo vamos construyendo a medida que vivimos nuestro presente y que lo que vaya a pasar en nuestro futuro depende pura y exclusivamente de eso, de lo que nosotros hagamos o dejemos de hacer hoy. Es esencial ser conciente de que todas las decisiones que tomamos en tiempos pasados, construyeron lo que hoy es nuestro presente; y que todas aquellas decisiones que tomemos ahora, van a ir marcando nuestro camino y van a formar nuestro futuro. Es por eso que hay que dar lo mejor de nosotros para hacer las cosas lo mejor posible y no tirarnos abajo si vemos que algo no sale como esperamos. Claro que somos seres humanos y como tales nos equivocamos; pero también es importante saber que de cada error se aprende algo nuevo y que cada experiencia de vida nos deja una enseñanza valiosísima. Si somos concientes de todo esto y damos lo mejor para ser felices en nuestro presente sin descuidar nuestro futuro, las cosas van a salir mucho mejor de lo que esperamos. Yo, por mi parte, pienso seguir disfrutando de todas esas cosas hermosas que estoy viviendo ahora,  de todas y cada una de esas personas que me rodean y que me hacen tan feliz, y pienso seguir en mi postura y en mi camino; formando mi vida día a día y haciendo todo lo posible por disfrutar de cada instante, de ser feliz y estar bien conmigo y con los demás…


Peter//