viernes, 16 de noviembre de 2012

Una pequeña historia sobre el tiempo y su magia...


El miércoles de esta semana fui a promocionar Kalama (mi trabajo) por los bares de San Telmo, un barrio con estilo colonial de Buenos Aires, y en un momento, caminando por las calles de adoquines, encontré un lugar en frente de Plaza Dorrego. Un anticuario, un lugar increíble donde vendían cosas de lo más variadas, de los lugares más lejanos; desde esculturas francesas del siglo XVIII, hasta baúles traídos de Inglaterra, un poco más recientes 
quizás... Había de todo: muchos (muchos!) tomos de la Enciclopedia de Historia Universal traída de Londres si no me equivoco, otros cientos de libros antiquísimos de quién sabe qué lugares, esculturas de acrílico hermosas, arañas de cristal con luz amarilla, y hasta un Alfa Romeo clásico. Una de las cosas que más me llamó la atención fue una especie de elemento astronómico, era como un giratiempos, pero mucho más grande y con un pie que lo sostenía. Había tres de esos raros artefactos y me quedé un buen rato intentando adivinar de qué se trataba o para qué servía. Después seguí caminando por el local, que por cierto era bastante grande, y seguí viendo pilas y pilas de libros, ropas de estatuas de iglesias medievales, telas de lejano oriente y dos elefantes de madera pintados en tonos pastel y con telas en sus cuerpos que, deduzco yo, serían de la India.

Lo más curioso de haber entrado a este lugar fue que, por los escasos minutos que duró mi recorrido por su interior, me sentí perdido en el tiempo, me ví de repente en la Inglaterra victoriana, en la Francia de la revolución y en el lejano oriente, todo al mismo tiempo.


Cuando salí y volví a ver la vida del siglo XXI me dije: "qué hermoso hubiera sido vivir por lo menos unos días en cada una de esas épocas", y seguí caminando calle abajo...


Peter//

1 comentario:

  1. Con respecto a lo que comentaste en mi blog... sí, la verdad que tenés razón. Soy de esas personas que si tienen que llorar... no se lo pueden aguantar. Me gustaría aprender a controlarlo un poquito más y al menos descargarme cuando estoy sola o con algún ser querido, como dijiste vos. Esas cositas son las que más se necesitan, viste?

    Y con respecto a esta entrada la verdad, genial! Esos lugares tienen esa magia de poder transportarte a lugares y tiempos completamente diferentes. Hace mucho que no paso por uno...

    Un beso y gracias por tus comentarios!

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