viernes, 25 de enero de 2013

Autocrítica



Estos días que pasaron, sobre todo luego de sentir lo que expresaba en la entrada anterior y de leer lo que comentaron, -que me hizo reflexionar mucho-, empecé a sentir la necesidad de hacer una autocrítica y de plantearme una vez más aquellas cosas de mi forma de ser que necesito cambiar. Eh elaborado una lista en mi mente que ahora pasaré a dejarla plasmada aquí mismo.

• Una de esas cosas con las que no me siento bien es el hecho de no ser autodidacta. Me refiero a que, por ejemplo, hay cosas en diseño que no sé hacer del todo y tengo que forzarme a buscar en internet cómo resolverlo, no sale naturalmente de mí. Y veo a otros que tienen ese espíritu investigador que los lleva a mover cielo y tierra cuando no saben cómo hacer algo y terminan por descubrirlo y aún aprenden muchas cosas mientras buscan eso. Realmente admiro a esa gente autodidacta, me gustaría empezar a ser un poco así yo también.
• Otra de las cosas que me gustaría dejar de lado es el darle a ciertas cosas o situaciones, más importancia de la que debería darles. Quizás pasa algo que no me hace sentir bien, o vivo una situación que no sé bien cómo resolver, y mi cabeza empieza a dar diez mil vueltas al rededor de eso y, en consecuencia, le doy muchísima más importancia de la que tiene, y eso a veces termina en un malestar anímico y físico, ya que me ah causado más de un dolor de cabeza. Creo que es necesario dejar de lado esa conducta si quiero seguir viviendo cuerdamente y en paz. Es elemental no hacer de una pequeñez un mundo ni reducir un problema enorme a algo sin importancia. 
• Lo tercero que necesito cambiar es el poner mis expectativas en los demás; en lo que los demás vayan a hacer o decir; en cómo vayan a reaccionar frente a actitudes mías. ¿Por qué depositar mis expectativas en otro? Creo que ese es un error bastante grande, porque si el que está del otro lado es alguien que conozco bien, no hace falta que deposite mis expectativas en esa persona, porque al conocerlo sé cómo reaccionaría frente a cada cosa, sé qué puedo hablar con él o ella y qué es mejor callarme; sé muy bien qué puedo compartir con esa persona y qué no. Y así, al saber esto y tenerlo en cuenta, no hace falta tener expectativas o depositarlas en esa otra persona porque ya sé lo que va a pasar; y así evito decepciones que luego dolerían mucho. Esta es otra cosa que debería tener muy en cuenta a partir de ahora: depositar mis expectativas en mí mismo. Con mis amigos y quienes me rodean, solo basta conocerlos bien.
• Otra de las actitudes que debería dejar de lado es el perseverar en algunas cosas y darme por vencido en otras. Me parece que si tengo la capacidad de perseverar en algunas cosas debería aprovecharla para perseverar en todas. No veo por qué rendirme ante algunas situaciones, y ante otras remar y remar hasta llegar al objetivo. No me parece lógico, me parece más bien un desperdicio...

Creo que por ahora eso es todo. Son cosas que necesito dejar de lado para sentirme mejor conmigo mismo, y aunque obviamente tengo muy en claro que nadie es perfecto y que de hecho la perfección aburre, voy a poner mis fuerzas en modificar estas cosas, para encontrar un equilibrio y poder disfrutar más de cada instante, de cada momento, de cada persona y de la vida misma.


Peter//



martes, 22 de enero de 2013

Be the change



Hay cosas que forman parte de mi forma de ser desde hace mucho tiempo, pero últimamente empecé a pensar en que quizás me haría bien cambiar algo de ellas. Algo, no todo; solo una parte, para sentirme mejor conmigo mismo. Quienes me conocen saben que soy bastante demostrativo en lo que refiere a afecto. Suelo tender a abrazar a mis amigas y amigos, o a decir lo que siento abiertamente, sin miedo. Es parte de mí y, como decía al principio, hace bastante que convivo con eso, y nunca pensé que fuera algo malo o, mejor dicho, algo que en parte me hiciera mal. Y quien lea esto quizás piense: "pero no tiene nada de malo demostrar afecto a quienes se quiere!". Okay, es cierto, pero cuando uno mismo empieza a sentirse mal con ese comportamiento, entonces hay algo que necesariamente hay que acomodar.
Me refiero a que me ah pasado el abrazar a alguien, por decir un ejemplo, y que la persona en vez de devolverme el abrazo se quede quieta, con los brazos extendidos hacia abajo, sin más. Y en ese momento me sentí realmente desconcertado. Quiero decir, uno cuando abraza es porque está diciendo, sin palabras, que necesita un abrazo, que le haría bien un abrazo o que simplemente quiere un abrazo. Y por eso es que uno decide abrazar, y lo mínimo que espera (sobre todo cuando se trata de un amigo o amiga de confianza) es que la otra persona le devuelva ese abrazo; es la más común y lógica expectativa que se puede tener en un momento así. Y entonces, cuando la otra persona se queda quieta, sin demostrar ganas o interés en devolver ese abrazo, uno se queda pensando: ¿qué pasó? Por lo menos yo me quedé pensando eso cuando me pasó, y acto seguido me invadió una sensación de tristeza mezclada con desconcierto. 

Quizás pensándolo mejor no es algo tan grave, pero creo que todos en algún momento necesitamos ese apoyo, esa contención que logran los abrazos, y acudir a alguien que crees indicado para esa misión, quizás por la confianza que existe entre ambos o por la amistad que los une, y que no responda como esperás es desconcertante. Es como que alguien te diga "te quiero" y vos contestes "bueno, gracias!". No es eso lo que se espera; y no llega a lograr nada excepto un leve nudo de angustia en la garganta, y una confusión indescifrable. 

Por suerte sé con quienes contar cuando necesito un abrazo.

Peter//

miércoles, 9 de enero de 2013

Yellow



Era una noche de verano, el cielo de un azul profundo e infinito en perfecta simetría con miles de estrellas era nuestra única compañía. Ella, con sus ojos caoba y su vestido amarillo, resaltaba frente a todo lo demás. Era como si no hubiera nada, excepto ella misma; y yo. Nosotros y ese cielo que no tenía fin. Era una noche perfecta, tanto que parecía hecha especialmente para nosotros; tan perfecta era, que al mirar al rededor sentíamos que toda la naturaleza y aún el universo mismo se acomodaba a cada segundo solo para hacernos felices. 
Las melodías nocturnas de los grillos eran la música más preciada y cientos de luciérnagas iluminaban el aire, llenaban la atmósfera de magia, y nuestras almas. Podía ver el reflejo de su luz amarilla en los ojos de ella, que me miraba fijamente con una leve sonrisa en su rostro. Cerró de pronto sus ojos, hice lo mismo y besé sus labios. Todo el universo se convirtió en ese instante, como una gran cantidad de materia que de pronto se concentra en una pequeña esfera; no había nada más en él que nosotros dos, y aquellas melodías. 

Estrujándola luego suavemente entre mis brazos, nos quedamos así, mirando la noche. Y ya no éramos dos; ya no éramos ella y yo. Éramos uno solo. Éramos el mismo universo...


Peter//