sábado, 16 de mayo de 2015

Puentes

Creo que es inevitable sentir un poco de tristeza al darnos cuenta de que varias personas que en algún momento fueron una parte importante de nuestra vida, de a poco fueron desapareciendo, sin un aparente motivo. Eso es por lo que estoy transitando en estos días. Me di cuenta de que ciertas personas con quienes compartí momentos hermosos, hace no mucho tiempo, pareciera como que se olvidaron de que existo. Quizás suene un tanto dramático o exagerado, pero es puramente así. Cuando alguien se aleja de otra persona, generalmente tiene un motivo, y uno puede llegar a entender ese motivo, hablando con esa persona o incluso por deducción propia; sin embargo cuando alguien se aleja simplemente porque sí, sin dar explicaciones, sin motivo alguno -sé que no les hice nada malo-, entonces uno se queda perplejo, desconcertado, sin encontrar una respuesta. Uno intenta volver a entablar conversación, intenta reconstruir esa buena amistad que en algún momento supieron compartir y disfrutar. Sin embargo pareciera que solo uno es el que intenta. El otro simplemente se limita a leer los mensajes y no responderlos, o a contestar con aires fríos, dando a entender que no hay de su parte muchas ganas de concretar un reencuentro. 

Estos últimos días me pregunté una y otra vez por qué. Por qué una de mis compañeras de la facultad, con quien eramos tan unidos el año anterior, hizo una fiesta de cumpleaños, invitó a todo el grupo, pero se olvidó de mi. O, por citar otro ejemplo, por qué Sara, con quien compartimos miles de momentos hermosos y una enorme amistad, no me escribe desde febrero, cuando nos vimos por última vez. En Junio vuelve a Suiza, y vaya uno a saber cuándo volveremos a vernos. 


Me preguntaba por qué las relaciones tienen que ser tan complicadas, por qué la gente muchas veces tiende a desaparecer así como así, sin motivo, sin explicación. Entiendo que todos tenemos nuestras obligaciones, y que eso muchas veces reduce el tiempo que podemos dedicar a disfrutar con nuestros amigos, sin embargo también sé que cuando a uno algo le importa, cuando algo es indispensable para la vida de una persona, esta lo busca, lo mantiene vivo, lo cuida como el más preciado de los tesoros. Y pienso que la amistad es justamente eso, un tesoro, uno muy grande. Una verdadera amistad vale mucho más que muchas cosas, y como tal, es necesario protegerla.

Hablando con mis hermanos hace dos días, terminé de entender que uno a veces necesita un poco de agua helada en la espalda para reaccionar y darse cuenta de ciertas cosas. En este caso, era necesario abrir los ojos y darme cuenta de esto, para entender que -aunque suene un tanto trágico- es necesario dejar de aferrarse tan fuertemente a las personas, porque aunque no parezca, todos estamos expuestos al cambio, a dejar de estar, a ir desapareciendo de a poco. La diferencia es que algunos, pese a la falta de tiempo y a las obligaciones, siempre buscan un momento para encontrarse.

Peter//

4 comentarios:

  1. A veces el baldazo de agua fría es muy necesario, las personas entran y salen de nuestra vida por algo, y creo que una vez que aprendemos ese 'algo' se van; así como sabemos que hay muchas que van a estar con nosotros siempre hay algunas que no, y sí, aunque cueste hay que aprender a soltar. Un abrazo!

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    1. Es cierto que la mayoría de las personas que nos cruzamos en la vida nos enseñan algo, pero es un poco duro tener que acostumbrarnos a que cuando nos enseñan ese algo, se van. Digo, no siempre tendría que ser así... A veces, con respecto a lo último que decías, me da a sensación de que no sabemos nunca del todo si hay algunas personas que van a quedarse para siempre. En mi caso, sé que mi familia va a estar siempre, pero además de ellos, creo que no puedo estar del todo convencido de eso... Pero lo que si se es que es muy cierto lo que decías, hay que aprender a soltar, aunque cueste.

      un placer encontrarte por acá. Gracias por leerme! un abrazo grande.

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  2. Muy cierto todo. Yo he sufrido ambas: que se hayan alejado de mí, y haberme alejado yo. Ambas duelen. La segunda fue por ceguera de obligaciones, a tal extremo que me olvidaba de vivir y de lo más importante de la vida: los amigos. Por eso no creo que la solución sea, como vos decís, aferrarnos menos a las personas. Justamente, ese sería el problema.
    La cuestión es abrir los ojos a lo que realmente importa de la vida.

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    1. Yo también tuve que alejarme de algunas personas, pero a diferencia de cómo lo viviste vos, yo logré hacerlo sin dolor. Quizás porque era el momento justo para alejarme, o no se; pero fue algo que se dio solo, y nadie se sintió lastimado porque ambas partes necesitábamos esa distancia.

      Creo que tenés razón en que lo importante es siempre abrir los ojos y darle la importancia que merece a cada cosa, pero en cierta forma también es necesario muchas veces alejarse, y dejar de aferrarse tanto a las personas, porque cuanto más uno se aferra, más duele cuando esa otra persona se aleja, como contaba yo en este texto, sin un motivo y sin explicación. Pienso que los extremos no son la solución -ni ser hiper dependiente de los demás, ni ser helado y solitario-sino un término medio: acercarse con prudencia, mantenerse a salvo de lo que la otra persona pueda hacer o dejar de hacer, para que -en lo posible- no salgamos lastimados.

      Esa es mi forma de verlo, pero me gusta mucho leer tu opinión, y que entiendas de lo que hablo, ya que pasaste por lo mismo.

      Gracias por leerme! un abrazo.

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