martes, 10 de noviembre de 2015

Sky Sailing


Cada atardecer es único, pero aquel fue sin dudas uno de esos que nunca se olvidan, esos que quedan impregnados en los sentidos para siempre. No pude más que acercarme a la ventana y quedarme ahí, contemplando lo maravilloso de aquella imagen que poco a poco iba transformándose en otra, y luego en otra más, aunque todas en cierta forma se parecían; se trataba de una misma puesta de sol. A lo lejos, montones de árboles -o sus siluetas oscurecidas-, un mar de lucecitas amarillas, un avión que partía hacia algún lugar y pinceladas en anaranjados de sueño, violetas de magia y rosados de nostalgia que hacían de nubes en aquella obra magnífica, cuyo escenario era el cielo y su final una sonrisa en los labios del afortunado espectador. Nunca iba a volver a repetirse, quien pudiera apreciarla definitivamente se sentiría dichoso por siempre.
Esa voz ya conocida por mis sentidos, un tanto áspera y dulce a la vez, me regalaba una vez más aquella canción que tanto me transportaba, y me dejaba navegar entre aquellas nubes pinceladas, como quien monta un barrilete, un globo de aire caliente. Como quien sabe volar con la imaginación.

Volví a casa, no sé cuánto tiempo pasé asomado a la ventana. Lo que sí se es que hay momentos en la vida en los que uno se siente afortunado. Este -el presente- es uno de ellos. 

Peter-

3 comentarios:

  1. Y pensar que el Principito vio atardecer 43 veces en un día!
    Impecable como siempre, un abrazo enorme :)

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  2. Es bueno detenerse a mirar a las cosas normales de nuestro día a día para darnos cuenta de que son únicas cada día. Y más si son tan bellas como una puesta de sol!
    un besoo!

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  3. Parece que el cielo siempre nos acompaña, en distintos momentos del día (pero sobre todo en los atardeceres) cuando nos damos cuenta de las cosas bonitas de la vida.

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