lunes, 21 de marzo de 2016

Otoño



Amaneceres que tardan en llegar
Un sol ya no tan intenso
Calles cubiertas de hojas amarillas
Suéters de lana de todos los colores
Bufanda, gorro
Viento fresco en la cara

Una taza de chocolate
en una cafetería de los suburbios
Y sonrisas por todos lados.

/ Marzo /

viernes, 18 de marzo de 2016

Port Blue



Caminaba por una calle volviendo a casa, mientras un gélido aire propio de lugares tan lejanos como aquel chocaba contra mis mejillas como una ola gigante y glacial. En mis oídos sonaban melodías de otro universo, que casi como por arte de magia combinaban perfectamente con aquella atmósfera. Levanté la mirada y pude ver un cielo azul profundo que se extendía infinitamente sobre mi, sobre aquella calle, sobre toda la ciudad cubierta de hojas marrones y amarillas. Y mientras me perdía contando las nubes que decoraban aquel cielo y admirando sus formas irregulares, el aire fresco no dejaba de inundarme los sentidos y yo me preguntaba a cuántos kilómetros estarían esas nubes flotando por encima del suelo. Claro que no había respuesta posible, aunque en seguida imaginé lo increíble que sería averiguarlo. Por un instante simplemente me limité a cerrar los ojos, mientras aquellas melodías celestiales no dejaban de llevarme cada vez más lejos, y deseé con todas mis fuerzas poder despegar mis pies del asfalto y salir disparado hacia esa masa de algodón que deambulaba presa de la fría brisa rumbo a ningún lugar. 

Fue increíble, durante un segundo creí que mis pies flotaban, sonreí; pero al instante abrí los ojos y volví a estar ahí, parado sobre mis zapatillas en medio de una vereda de baldosas grises. Entonces volví a sonreír y entendí que a veces, lo que normalmente no es posible, es posible si uno cierra los ojos y se deja llevar.

Peter -

jueves, 10 de marzo de 2016

Six years, thousands of moments


A veces se me llena la cabeza de recuerdos y los sentidos de esa tan conocida felicidad mezclada con añoranza. Nunca entendí del todo por qué será que me cuesta tanto dejar ir. Me pregunto si a caso me sucede solo a mi, si por esas casualidades de la vida, soy yo el único que daría mucho por volver a vivir ciertas cosas que hace rato llegaron a su fin. 
No, estoy seguro de que todos en cierta forma y en algún momento nos sentimos así.

Creo que las cosas que particularmente más me cuesta dejar ir son aquellas a las que no les encontré un final, aquellas que simplemente fueron desapareciendo. 

¿Alguna vez observaste cómo un cubo de hielo va desintegrándose en un vaso de agua? así fueron esfumándose montones de situaciones, vínculos y etapas de mi vida. Y la parte madura de mi lo acepta, lo entiende, lo asimila y está dispuesta a seguir; pero ese niño interior, inocente y pequeño, quiere recuperarlas, volver a vivirlas, o por lo menos comprender qué pasó, cómo es que algo tan fuerte de pronto pasa a ser la nada más absoluta. 

Sin embargo cada día entiendo más y mejor que las personas no tienen la obligación de compartir la vida por siempre, que a veces sucede que eligen transitar un tramo del camino juntos, y así como decidieron unirse, también eligen seguir cada uno su rumbo. Y eso no está mal porque si es así, por algo es. Después de todo, quienes continúan cerca es porque aún siguen eligiendo caminar juntos.

Peter -