lunes, 18 de abril de 2016

We don't have time, but we can make it

El que mucho abarca poco logra dicen. Pero se olvidan de que el que mucho abarca, también mucho debe esforzarse. Comencé una vez más las clases en la universidad, pero esta vez es diferente, el Ciclo Básico quedó atrás y por fin estoy cursando mi carrera, esa por la que esperé tanto tiempo. Bajar del ascensor en el primer piso me recuerda aquellos días en que pensaba que no lo lograría, esos instantes de furia que me daban más ganas de abandonar todo que de seguir intentando. Saber que estoy haciendo lo que realmente vine a buscar me hace pensar en qué hubiera pasado si por cada fracaso hubiera bajado los brazos, y me lleva a ver que a pesar de todo fui perseverante. Quizás si, tomó más tiempo del que debería haber tomado, pero ¿qué significa eso realmente? ¿o a caso hay algún tipo de manual universal que establece cuánto debe durar cada etapa en la vida?

No sirve compararse con otros, eso es algo que siempre me ha costado incorporar a mi vida diaria, pero que últimamente he logrado hacer con bastante eficacia. Y si, desde mucho antes sabía que empezar la carrera iba a traer consigo una renuncia a muchas cosas. Me lo habían dicho y ahora lo vivo cada día, esa es la parte de esforzarse mucho. ¿Quién no querría que el día tuviera más horas?
-aunque estoy seguro de que tampoco así alcanzaría-. Creo que simplemente es cuestión de dedicarle a cada cosa el tiempo que corresponde, o establecer una lista de prioridades. Y quizás si, me frustra un poco pasar semanas sin escribir, leer menos libros y más apuntes, tener la cámara durmiendo dentro de su funda y no encontrar momento para salir al mundo a capturar instantes, pero al mismo tiempo se con seguridad que toda renuncia tiene su recompensa, y que lo que ahora estoy haciendo es lo que realmente ansié llegar a hacer, el tiempo para cada cosa se encuentra cuando deja de buscarse.


Peter - 

domingo, 3 de abril de 2016

Mary Jane

Nunca voy a olvidarme de ese momento. recuerdo la revolución de nervios mezclados con ansias, querer que todo termine rápido, y al mismo tiempo, que dure un millón de años. Recuerdo el primer día de clases, el primer momento en que la vi; y cómo desde un principio pareció mover cada cimiento de mi mundo con esa potencia tan típica de los primeros amores de la adolescencia. Habíamos compartido infinidad de momentos, habíamos crecido juntos, y me costaba creer que estábamos en nuestro último año de secundaria, que en apenas unos meses cambiaríamos de lugar, de grupo de gente, incluso de ciudad. 
Era la noche que todos esperábamos, el baile de graduación. Entré al salón del colegio y la vi. Nunca me había fijado en cómo la luz hacía brillar aún más esos ojos color miel, que sin dudas venían de otra galaxia -y no tengo dudas, contenían mil universos dentro-. Casi como en una de esas películas que tanto nos gustaban, el aire se llenó de una especie de vértigo y magia. A alguien se le ocurrió que la mejor banda de sonido para ese instante infinito era una de las tantas canciones lentas, ideales para soñar despierto, o tomar grandes decisiones. Atravesé el salón sin dejar de mirarla, mientras una voz que conocíamos bien cantaba hey now, don't dream it's over, parecía que nos hablaba a nosotros. Caminé, siempre hacia adelante, como quien va hacia algo que conoce bien, sabiendo que hay riesgos, pero sin temor a equivocarse. Caminé sin quitar la mirada de la suya, sin parpadear un segundo, casi sin respirar... No pude más que abrazarla, y darme cuenta de que había hecho bien cuando sentí su mano rozando mi espalda.
Respiré, casi como quien sale a la superficie luego de nadar kilómetros, la presión y los nervios ahora se habían convertido en ese abrazo que no quería jamás que tuviera un final.
Podía sentir el latir de su pecho mientras las melodías nos invitaban a deslizar los pies algunos centímetros para cada lado, en un intento de no quedarnos nunca quietos.
Si en ese momento había algo que sabía con seguridad, era que no sabía lo que vendría después, pero con ese abrazo, esa canción en el aire, ese perfume de moras inundando mis sentidos, me bastaba para recordar aquel día por siempre.

Peter -