domingo, 3 de abril de 2016

Mary Jane

Nunca voy a olvidarme de ese momento. recuerdo la revolución de nervios mezclados con ansias, querer que todo termine rápido, y al mismo tiempo, que dure un millón de años. Recuerdo el primer día de clases, el primer momento en que la vi; y cómo desde un principio pareció mover cada cimiento de mi mundo con esa potencia tan típica de los primeros amores de la adolescencia. Habíamos compartido infinidad de momentos, habíamos crecido juntos, y me costaba creer que estábamos en nuestro último año de secundaria, que en apenas unos meses cambiaríamos de lugar, de grupo de gente, incluso de ciudad. 
Era la noche que todos esperábamos, el baile de graduación. Entré al salón del colegio y la vi. Nunca me había fijado en cómo la luz hacía brillar aún más esos ojos color miel, que sin dudas venían de otra galaxia -y no tengo dudas, contenían mil universos dentro-. Casi como en una de esas películas que tanto nos gustaban, el aire se llenó de una especie de vértigo y magia. A alguien se le ocurrió que la mejor banda de sonido para ese instante infinito era una de las tantas canciones lentas, ideales para soñar despierto, o tomar grandes decisiones. Atravesé el salón sin dejar de mirarla, mientras una voz que conocíamos bien cantaba hey now, don't dream it's over, parecía que nos hablaba a nosotros. Caminé, siempre hacia adelante, como quien va hacia algo que conoce bien, sabiendo que hay riesgos, pero sin temor a equivocarse. Caminé sin quitar la mirada de la suya, sin parpadear un segundo, casi sin respirar... No pude más que abrazarla, y darme cuenta de que había hecho bien cuando sentí su mano rozando mi espalda.
Respiré, casi como quien sale a la superficie luego de nadar kilómetros, la presión y los nervios ahora se habían convertido en ese abrazo que no quería jamás que tuviera un final.
Podía sentir el latir de su pecho mientras las melodías nos invitaban a deslizar los pies algunos centímetros para cada lado, en un intento de no quedarnos nunca quietos.
Si en ese momento había algo que sabía con seguridad, era que no sabía lo que vendría después, pero con ese abrazo, esa canción en el aire, ese perfume de moras inundando mis sentidos, me bastaba para recordar aquel día por siempre.

Peter - 

1 comentario:

  1. Que bonito lo que escribiste, me encanta que un momento como ese pasaría rapidísimo visto desde los ojos de alguien más, pero para los enamorados es diferente tanto que recuerdan los detalles así como lo describes, todo es especial :).

    ResponderEliminar

Dejá tu opinion...