domingo, 30 de octubre de 2016

Someday we'll know

 Quizás sea cierto, quizás en verdad haya alguien predestinado para cada uno de nosotros, es una pregunta que da vueltas en mi cabeza más que muchas otras cosas. Se -quiero creer- que Dios tiene a esa persona preparada desde que ambos llegamos a este mundo y que en algún momento nuestros caminos van a cruzarse. A veces sin embargo, me pregunto si realmente será así, si existirá esa mujer que un día va a estar de pie frente a mi, vestida de blanco, a punto de comenzar un nuevo camino juntos -a caso el más hermoso de todos-. 

Pienso en cómo será ese momento, en su color de pelo, sus intereses, su mirada. Pienso en su forma de vestir, en cuáles serán sus lugares preferidos, esos a los que va cuando necesita sentirse en casa...

Pienso mucho en ella, en sus intereses, sus anhelos, en qué cosas la harán feliz, cuáles le darán miedo. Imagino su sentido del humor, su instinto aventurero, que acompañe al mío en infinidad de viajes. 
Casi puedo visualizar esos ojos color miel, mirándome fijo con expectativa, esa leve y tierna sonrisa en los labios, como quien sabe siempre lo que esconde la otra persona detrás de tantos pensamientos.

Qué increíble es, ¿cierto? Quiero decir, pensar tanto en alguien, como si la conociera de toda la vida, como si supiera quién es, aunque, claro, no lo se...
Nos imagino sentados en la hierba una tarde de verano, disfrutando de un abrazo infinito acompañado de un delicioso jugo de frutas; o caminando por la ciudad sin rumbo alguno, pero siempre de la mano, para llegar a donde sea, pero juntos.

Por momentos pienso, si realmente algún día me cruzaré en el camino con esa persona que marque mi vida de manera tal, que no me quepa la menor duda de querer pasar el resto de mi vida a su lado, esa persona que despierte en mí sentimientos que hace mucho no ven la superficie, pero que, confío, encontrarán algún día el perfecto puerto donde vivir para siempre.

Peter -