lunes, 28 de noviembre de 2016

So many things, so little time


Termina un año que fue sin dudas uno de los más intensos y completos que viví hasta ahora. Cada uno -cada año- siempre es recordado por las cosas que aprendemos, los desafíos que afrontamos, las personas que se cruzan en nuestro camino; y este tiene todos y cada uno de esos detalles que lo hacen inolvidable. El primer año de mi carrera, donde descubrí tantas cosas que no sabía, donde logré aprender a superar el miedo a no poder, a no saber qué vendrá después... 

Un año en el que me reencontré con personas que me hacen feliz, y que me permitió conocer a otras que ocupan hoy un lugar muy importante en mi vida, y estoy más que agradecido a Dios por eso.
Es extraño todo esto, como las etapas pasan, siguen su curso, sin que nada las detenga, más que nuestro recuerdo, y la añoranza de volver a vivirlas. Es extraña esa relación vivencias-tiempo, que no se condice en absoluto. Trescientos sesenta y seis días es muy poco para todo lo que viví este año, y no puedo creer que ya se termine.
Amo decir que lo disfruté, que miro para atrás con una enorme sonrisa sabiendo que todo -todo- valió la pena. Amo haber cruzado mi camino con el de personas por las que hoy siento un gran cariño, personas que realmente me hacen bien. Sonrío por saber que Dios estuvo conmigo en cada momento, cuando estuve a punto de bajar los brazos, dándome fuerza para seguir. Disfruto de saber que mi familia siempre alienta mis proyectos, siempre me apoya y empuja a seguir creciendo en lo que amo.
Es extraño sin dudas, estar en este instante, escribiendo para intentar expresar lo mejor que puedo, todos los enormes y diferentes sentimientos que me invaden. Voy a extrañar recorrer los pasillos de mi amada FADU, mi segundo hogar. Pero miro hacia adelante, hacia todo lo que aún queda por vivir, y me siento feliz por saber que sin dudas es mucho.

Peter -

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