domingo, 26 de febrero de 2017

Brand new life (in Jesus Christ)



Comenzó un nuevo año, el verano casi llega a su fin, y una vez más caigo en lo mucho que hace que no dispongo de una tarde para sentarme a disfrutar de expresar con palabras algo de todo lo que siento dentro... A veces uno se encuentra con situaciones en la vida que lo transforman por completo, a veces uno llega a entender que quizás lo que siempre había ocupado el primer lugar en la lista de cosas importantes, termina no siendo tan importante como parecía. En este último tiempo, gracias a Dios entendí que a veces es necesario que sucedan cosas en nuestra vida, para que otras, que están ocultas en nuestro interior, puedan salir, y nosotros podamos conocerlas y pedirle a El que las transforme. Ese tipo de cosas que sabemos que nosotros solos no podemos transformar, pero que definitivamente Dios sí puede hacerlo. 
Aprendí que a veces para poder ver con claridad es necesario pasar tiempo desconectado de todo, y para poder conocerse a uno mismo, es fundamental saber apagar por un momento los oídos y la mente y enfocarse en pasar tiempo con Dios, algo que nunca antes había experimentado con tanta intensidad, pero que realmente me llena de mucha paz. 
Y pasar ese tiempo con El me llevó -y me lleva cada día- a entender que la vida es mucho más profunda de lo que parece a simple vista, y que detrás de cada situación hay miles de cosas escondidas, que todo lo que vivimos tiene un por qué, un propósito; y que siempre los caminos de Dios son los mejores para la vida de quienes vivimos para El. Me llevó a tener paz en mi corazón, por ver que para disfrutar de lo que quiero disfrutar, primero hay muchas cosas que deben ser transformadas en mi forma de ser, pero que nunca podré transformarlas si no busco que El las transforme.
Quizás me siento un tanto extraño al abrirme hablando de cosas como estas en un espacio como este, porque es la primera vez que lo hago; pero realmente siento ser una persona distinta, nueva; y cada día siento acercarme más a lo que se que necesito ser, pero más importante aún, a lo que se que Dios espera de mi.
A veces me cuesta perdonarme por mis errores, siempre me costó, pero cuando veo la misericordia de Dios cada día sobre mi, perdonándome por todo lo que hago mal y dándome nuevas oportunidades, me doy cuenta de que nada está perdido, sino que realmente todo lo que viva hoy es necesario para vivir una vida realmente plena. Nadie dijo que sea fácil, pero de algo estoy seguro: imposible definitivamente no es.


Peter -